La “Ley esposa” nació en San Luis Potosí, cuando se estableció que en la próxima elección a la gubernatura solo podrían participar mujeres como candidatas. Una decisión fundada en el principio de paridad, pero de inmediato llamó la atención porque se interpretó que era para beneficiar a la esposa del gobernador, Ricardo Gallardo, la senadora Ruth González como candidata en el 2027.Garantizar espacios para las mujeres en la vida pública ha sido una lucha histórica… en el que no está en duda si saber gobernar o no es cuestión de género, sino bajo qué reglas se logra acceder al poder. Y aunque ante las críticas el gobernador vetó el decreto, y este no entró en vigor, hay una doble reflexión de fondo.Primero, hablar de una gubernatura exclusivamente femenina, por supuesto que garantizaría la participación política de las mujeres para ese cargo, pero ante la presunción de que era una estrategia para permitirle suceder a su marido en el cargo, se comenzó a hablar de nepotismo disfrazado de paridad. La no reelección y la prohibición expresa del nepotismo han sido banderas de la Presidenta Claudia Sheinbaum. Y decisiones como esta parecen coartadas para una paridad simulada.Por otro lado, desde una perspectiva de género, vuelve a reproducirse el estereotipo de las mujeres que llegan al poder por ser “esposa de” o por relaciones personales, no por méritos propios. Hay mujeres que han tenido que luchar, incluso el doble, para ser reconocidas por su capacidad, experiencia y trayectoria más allá de sus vínculos afectivos. Ser “la esposa de” es un título que durante siglos ha encasillado y reducido a cientos de mujeres, cuyo liderazgo, influencia y vocación pública es minimizado por su vínculo conyugal. En la historia política hay varios ejemplos: Eleanor Roosevelt, esposa de Franklin D. Roosevelt, en Estados Unidos; una figura clave en la defensa de los derechos humanos y en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En Argentina, Eva Perón, esposa de Juan Domingo Perón; una líder política y social, con gran capacidad de movilización popular. O recientemente, Hillary Clinton que, pese a tener una carrera propia (senadora, secretaria de Estado y candidata presidencial), pasó años siendo leída como “la esposa de Bill”.La llamada “Ley esposa” no pone en duda la capacidad o no de la senadora, “esposa de” el gobernador (la capacidad femenina para gobernar está más allá de cualquier vínculo sentimental). Se cuestiona si este tipo de reformas tenían una dedicatoria especial o si, sospechosamente, se impulsan meses antes de la definición de candidaturas. La auténtica paridad amplía la posibilidad de una competencia donde mujeres de distintos perfiles y trayectorias puedan participar.