Sábado, 07 de Marzo 2026

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“Mantenidas”: violencia escondida en una palabra

Por: Vania de Dios

“Mantenidas”: violencia escondida en una palabra

“Mantenidas”: violencia escondida en una palabra

“Está de mantenida”, soltó alguien refiriéndose a una mujer. Las palabras importan, porque marcan y moldean nuestra realidad. Y detrás de esa frase hay desprecio, profunda incomprensión y una carga histórica de desigualdad.

Llamar “mantenida” a una mujer suele utilizarse como ofensa, para denostarla cuando depende económicamente de alguien más -generalmente de su pareja o sus padres-, ya sea porque tiene menos ingresos, porque estudia o porque realiza trabajo no remunerado, como encargarse de labores domésticas o los cuidados.

La mera palabra supone que la mujer vive del esfuerzo de otra persona, que no produce ni aporta, pero se ignora una realidad fundamental: cuando se trata de mujeres dedicadas al hogar, están sosteniendo la vida cotidiana y ayudando a que la economía funcione.

Administrar el hogar, cocinar, limpiar, cuidar y acompañar a infantes, personas enfermas o adultas mayores, gestionar la vida familiar y emocional: son tareas que consumen tiempo, energía y conocimientos. Es lo que mantiene una casa funcionando, el ecosistema familiar. No es “ayuda” ni “actividades naturales”; es trabajo y ese trabajo permite el desarrollo profesional, económico o educativo de otros integrantes de la familia.

“El grueso de las tareas domésticas recae en las mujeres, por lo que suelen tener poco tiempo libre para aprovechar oportunidades económicas”, advierte ONU Mujeres.

Es una paradoja porque, mientras socialmente se espera que las mujeres cuiden, sostengan y organicen la vida familiar, al mismo tiempo se desvaloriza ese trabajo y quienes lo realizan van quedando fuera del mercado laboral, que sí es remunerado. Es decir, trabajan y aportan al ecosistema familiar, sin ingresos económicos propios. Y eso, históricamente, se ha convertido en grave desventaja para las mujeres.

En las dinámicas de poder, el que paga manda, y el que tiene mayores ingresos o dinero suele ser quien toma las decisiones, tanto en la pareja, la familia o cualquier relación. La independencia económica es sinónimo de libertad. Sí, tener ingresos propios te permite tomar decisiones sobre tu vida, tu tiempo y tu futuro; da capacidad de negociación dentro de las relaciones y, sobre todo, reduce la vulnerabilidad frente a situaciones de abuso o violencia.

¿Y qué tan factible es esa libertad para las mujeres? Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, una de las exigencias es el reconocimiento económico y social del trabajo doméstico y de cuidado. Para que la independencia financiera de las mujeres no se considere un privilegio, sino un derecho que se debe garantizar.

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