Jueves, 05 de Marzo 2026

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México: Memoria, madurez y estrategia para volver a competir

Por: Salvador Cosío Gaona

México: Memoria, madurez y estrategia para volver a competir

México: Memoria, madurez y estrategia para volver a competir

México no parte de cero.

El antecedente inmediato es el Clásico Mundial 2023, donde la selección alcanzó semifinales, venció a Estados Unidos, lideró su grupo y quedó a unos lanzamientos de disputar la final ante Japón. Ese tercer lugar no fue una casualidad ni una hazaña aislada: fue el mejor resultado de una selección mexicana en un deporte de conjunto en el máximo escenario mundial.

Ese recuerdo debe ser la base mental y estratégica del nuevo proceso.

Hay jugadores que vivieron esa experiencia, un cuerpo técnico que ya recorrió ese camino y una lección clara: cuando México combina pitcheo sólido, defensa limpia, bateo oportuno y dirección estratégica, puede competir contra cualquiera. El reto ahora es sostenerlo.

Cuatro juegos y decisiones clave

La fase de grupos consta de cuatro juegos. No hay margen para improvisaciones. Se requieren al menos tres abridores claramente definidos y un plan específico para el cuarto encuentro.

Javier Assad luce como perfil natural para uno de los juegos clave: control, serenidad y capacidad de trabajar cinco entradas competitivas. Taijuan Walker aporta experiencia y un repertorio amplio para enfrentar alineaciones profundas.

La decisión crítica está en el tercer abridor. Ahí Benjamín Gil debe definir si prioriza control, potencia o matchup específico según el calendario. No se trata solo de elegir un nombre, sino de asignar contextos: quién enfrenta a Estados Unidos y quién administra el juego que puede definir la clasificación.

El bullpen tiene una estructura más clara. Daniel Duarte y Jesús Cruz pueden cubrir múltiples entradas. Brennan Bernardino es pieza clave ante zurdos; Gerardo Reyes aporta potencia. Las entradas siete y ocho deben tener roles definidos, y el cerrador es Andrés Muñoz. Su uso debe ser flexible: si el juego grande exige intervenir antes de la novena, debe hacerse. El mejor brazo debe lanzar cuando el partido está en riesgo real.

En torneos cortos, así se gana o se pierde.

Defensa: el capital silencioso 

La defensa mexicana es sólida. El cuadro interior tiene movilidad y manos seguras; los jardines combinan rango, velocidad e intensidad. No se observan grietas evidentes.

Esto es fundamental: una defensa firme reduce lanzamientos extra, evita rallies extendidos y permite que el pitcheo conserve control emocional. En juegos cerrados, ese detalle suele definir resultados.

Bateo: fabricar, no solo pegar 

México no debe caer en la trampa de intercambiar poder con Estados Unidos. Ese terreno favorece al rival. La estrategia debe ser distinta: embasarse, presionar, correr las bases y fabricar carreras.

Contra Brasil y Gran Bretaña, el riesgo es el exceso de confianza. Contra Italia, el cuidado debe ser máximo: es un equipo disciplinado, ordenado y tácticamente incómodo.

México puede ganar el grupo y puede volver a vencer a Estados Unidos. Es difícil, pero ya ocurrió. Antes, debe resolver con rigor los otros tres juegos.

El factor Gil

Benjamín Gil ya no es el mismo mánager de hace años. Ha vivido éxitos y tropiezos. El proceso olímpico y el Clásico anterior dejaron lecciones claras.

Hoy el reto es dirigir con madurez plena. La intensidad es parte de su carácter, pero el torneo exige una versión más cerebral: escuchar al cuerpo técnico, anticipar escenarios y administrar el bullpen con cálculo, no con impulso. En cuatro juegos no hay espacio para decisiones emocionales ni desplantes innecesarios.

México necesita pasión, sí, pero necesita dirección estratégica aún más.

Confirmar, no sorprender

La referencia histórica existe. El talento está. La defensa es sólida. El bullpen tiene jerarquía. Las posibilidades de avanzar son altas y la opción de vencer a Estados Unidos es real.

Pero nada está garantizado.

El grupo es corto. No hay margen para distracciones. El pitcheo debe definirse con claridad, la defensa sostenerse sin errores mentales y el bateo fabricar carreras cuando el cuadrangular no aparezca. Desde el dugout, la estrategia será determinante.

México ya rompió la barrera mental. Ya entendió que pertenece a la élite. El desafío ahora no es sorprender, sino confirmar. Y confirmar, en el alto rendimiento, exige memoria, madurez y estrategia.

Porque los torneos cortos no los gana quien tiene más nombres, sino quien ejecuta mejor bajo presión. México ya demostró que puede hacerlo. Ahora debe sostenerlo.

Bambinazos61@gmail.com
@salvadorcosio1

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