“Desde aquí les digo a todas esas personas que critican su trabajo, que critican su labor, a todos esos expertos de seguridad que siempre salen a decirnos qué es lo que debemos hacer en los momentos difíciles, les digo que tenemos tres mil vacantes en la Secretaría (de Seguridad Pública) y que son bienvenidos para trabajar aquí con nosotros, hombro con hombro, en los momentos difíciles que pasa el Estado”, soltó Juan Pablo Hernández, secretario de Seguridad Pública del Estado, en su discurso la semana pasada en el emotivo homenaje de cuerpo presente que hicieron al custodio de la cárcel de Puerto Vallarta, Rafael Hernández Fuentes, que fue asesinado al hacer frente al portazo que con un vehículo blindado dieron las células delincuenciales en esta prisión para unir a sus filas a 23 peligrosos reos, en la ola de violencia que se dio luego del operativo en Tapalpa y el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”.Sin duda, el ataque a esa cárcel estatal agravó el ya de por sí preocupante hecho de que fue en este destino turístico, donde se registró el 50 por ciento de las casi 600 agresiones que perpetraron en todo Jalisco las milicias del Cártel Nueva Generación fundado por El Mencho, y que, insisto, debe investigarse para deslindar responsabilidades de lo sucedido para dejar en tal vulnerabilidad ese centro penitenciario.Debo aclarar que no tengo el gusto de conocer a Juan Pablo, pero me dicen que fue uno de los más activos en mi búsqueda cuando fui privado de la libertad hace casi dos años, y que fue su equipo de policías de Guadalajara que él comandaba, los que encontraron mi coche en territorio zapopano. Mi agradecimiento siempre por eso.Dicho lo anterior, y ya que yo he sido uno de esos críticos por todas las quejas de la ciudadanía que se sintió desprotegida el “domingo negro” o por su tardanza en la mega balacera de Santa Eduwiges a fines del año pasado, quiero manifestar que considero desafortunadas sus declaraciones, que tal vez las expresó por la mezcla de emociones en ese difícil y conmovedor momento. Su intolerancia a la crítica y el hecho real que el trabajo policial es de alto estrés y riesgo, lo hizo perder de vista que él encabeza una institución pública que debe garantizar la integridad física de los ciudadanos y que debe rendir cuentas. Que no necesariamente debemos ser expertos en cualquier materia para exigir que cumplan con lo que la ley les obliga.Decirle a Juan Pablo que la crítica y los cuestionamientos incómodos son la razón de ser del periodismo. Una práctica vital para ejercer contrapesos, detectar ineficiencias, abusos de poder, corrupción o complicidad e infiltración delincuencial en sus corporaciones. Para analizar, con el acompañamiento de expertos, las decisiones públicas y sus resultados, con el ánimo de construir, no de confrontar. Gobernar y reflexionar sobre lo público son roles distintos pero complementarios. La crítica fortalece la acción pública, no la debilita.Finalmente, decirle a Juan Pablo, que el camino no es invitarnos a pasar de las filas del ejercicio periodístico y editorial al policial, sino mejorar las condiciones laborales y profesionales de quienes ya están dentro para que más jóvenes aspiren a convertirse en policías y se llene esa cantidad enorme de vacantes, que es, en sí misma, un síntoma de que algo anda mal en el papel que deben cumplir para proteger a la población de la delincuencia, en este momento histórico crítico.Todos queremos mejores instituciones policiales, construyámoslas cada quien desde su trinchera.