Quienes me conocen saben que soy parte de esa generación que vivió intensamente la explosión de la música en video durante los años ochenta. La viví tanto que en 1982 formé una banda con un querido amigo. Hoy él vive en Texas, pero seguimos tocando cada vez que hay oportunidad. Esa amistad nació de la música y se convirtió en una hermandad. En mi historia personal, MTV fue un detonador directo de esa pasión.¿Pueden los medios influir realmente en el comportamiento de las personas? ¿Moldearon otras generaciones su forma de ver el mundo con las películas del cine mexicano de oro, por ejemplo? ¿Pueden los contenidos que se consumen transformar estilos de vida y aspiraciones colectivas?MTV nació en el verano de 1981, en medio de un cambio profundo en el consumo de medios. La televisión por cable comenzaba a ganar terreno, pero muchos aún dudaban de su futuro. Para abrirse paso, MTV lanzó la campaña “I want my MTV”, buscando presionar a los operadores de cable para que incluyeran su señal. David Bowie, entre otros artistas, se sumó al esfuerzo. La propuesta era clara: transmitir videos musicales las 24 horas. Esa simpleza fue revolucionaria. Tuvieron que llenar la programación recurriendo a artistas emergentes del rock, el post-punk y el new wave, sin saber que estaban ayudando a lanzar carreras que marcarían generaciones.¿Qué lecciones deja una idea tan potente como MTV? La primera es que una propuesta sencilla, pero bien definida, puede tener un alcance enorme. Si tu proyecto necesita demasiadas explicaciones para ser comprendido, quizá aún no está listo. MTV entendió que el valor no estaba solo en los videos, sino en la conexión emocional con quienes los veían. La música se escuchaba, pero también se miraba, se sentía, se comentaba. Ser el primero no basta: hay que convertirse en el único que logra ser relevante en lo emocional y no solo en lo funcional.Durante los años noventa, MTV fue adaptando su oferta. Introdujo caricaturas para adultos como Beavis and Butt-Head y Daria, espacios de comedia que sirvieron de plataforma para nuevos talentos como Ben Stiller, y programas de concurso que conectaban con el público joven. Supo evolucionar con inteligencia. Porque en los negocios, adaptarse no es una opción: es parte del trabajo diario.Después llegaron los realities. El canal redujo su espacio dedicado a los videoclips para apostar por este nuevo formato. Lo hizo con éxito. Programas como The Real World y, más tarde, Jersey Shore y My Super Sweet 16 generaron audiencias millonarias y volvieron a posicionar a MTV como creador de íconos culturales. Otra vez, la marca entendió cómo conectar con lo que el público quería ver. Pero aquí comenzó a perder algo importante.En su transformación, MTV se fue alejando del corazón que le daba sentido: la música. La oferta dejó de ser clara y se convirtió en una mezcla de contenidos parecidos a los de cualquier otro canal. La audiencia que había crecido con la marca dejó de sentirse representada. Al mismo tiempo, llegaron YouTube, Spotify y TikTok, donde los videos musicales eran accesibles bajo demanda. La marca que una vez fue sinónimo de descubrimiento se volvió irrelevante en la nueva dinámica digital.El fracaso de MTV no se explica por una sola causa. Pero abandonar su esencia fue el error central. Cuando una marca pierde su identidad, cuando se aleja de lo que la hizo diferente, deja de importar. En un mercado saturado, parecerse a los demás es la forma más rápida de desaparecer.Hoy sabemos que la salud financiera depende de tener una estrategia clara que se traduzca en experiencias relevantes. No basta con tener presencia en redes. Las marcas necesitan columna vertebral, una dirección, una razón de ser que pueda vivirse cada vez que alguien entra en contacto con su oferta.MTV se apagó, pero su historia sigue teniendo valor. No tardará en regresar convertida en una marca nostálgica, como tantas otras que encuentran en el recuerdo un nuevo modelo de negocio. El sociólogo Fred Davis lo explica bien: “La nostalgia selecciona y embellece el pasado con base en lo que el presente no puede ofrecer”. Y es ahí donde muchas marcas encuentran rentabilidad: en volver al pasado para recordarle al mercado quiénes fueron, dando una vigencia comercial a su propósito inicial.Si este texto te dejó pensando en el valor de la memoria y en la creatividad como forma de resistencia, te invito a escuchar la entrevista que hice a Gimena Romero. En esta conversación hablamos de bordado, tecnología, inteligencia artificial, identidad y del acto de crear como una decisión política y emocional. Gimena es artista textil, narradora visual y una voz lúcida que conecta lo ancestral con lo contemporáneo, lo íntimo con lo colectivo. El episodio completo está disponible en Spotify, Apple Podcasts y YouTube, en LAMARCALAB Podcast.Y recuerda: si no escuchas, no vendes.emiliano@lamarcalab.com