Ningún líder de la delincuencia organizada puede crecer y prevalecer, más o menos años, sin corromper a autoridades de todos los niveles y a sus corporaciones armadas y policiales que les den protección, a ellos y a los empresarios, también cómplices criminales, con los que hacen negocios para lavar e incrementar sus ilegales fortunas.Por eso siempre que cae un capo del narcotráfico, se habla de las nóminas que pagaba, no solo a policías, militares y gobiernos, sino a sus jefes de plaza y sicarios, así como a sus equipos de trabajo, que iniciaron con contadores y que cada día los han ido especializando y sofisticando más con el aumento exponencial de sus ingresos, por su cada vez mayor diversificación de giros delincuenciales.En el caso de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, quien más acumuló poder, no podía ser la excepción, y ayer en el periódico “El Universal”, publicaron lo que aseguran eran algunas de las nóminas encontradas luego del operativo en Tapalpa, tras el cual murió abatido.Hay sobornos por miles de dólares a halcones, jefes policiales y elementos de corporaciones federales en Tapalpa, Villa Purificación, Autlán, entre otros en las libretas encontradas y que seguramente no incluyen los cañonazos de alto nivel.Por mencionar los casos más recientes, luego de su extradición a los Estados Unidos en 2018, Joaquín “El Chapo” Guzmán, que también amasó una multimillonaria fortuna, en su juicio se escuchó de presuntos sobornos a los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, e incluso a colaboradores de la campaña de 2006 de Andrés Manuel López Obrador. También en su juicio de EU, por el que quedó preso, testigos protegidos denunciaron que el ex secretario de Seguridad de Calderón, Genaro García Luna, recibió del cártel de Milenio, en tiempos del capo Óscar “El Lobo” Nava Valencia 10 millones de dólares por información y poder dejar pasar cargamentos de droga en los aeropuertos de México. Y que apoyó al cártel de Sinaloa en su disputa contra los Beltrán Leyva. Pero sin duda el caso más paradigmático es el de Ismael “El Mayo” Zambada, quien fue siete sexenios impune y nunca pisó la cárcel en México. Está detenido en EU por la traición de los chapitos, pero allá declaró que desde 1980 que empezó su carrera criminal sobornó a políticos, policías y militares mexicanos para dejarlo operar libremente.En Jalisco, el ex gobernador Enrique Alfaro dijo que su Fiscalía estaba infiltrada por el narco y que ellos habían mandado a los policías investigadores a golpear y levantar a los jóvenes que se querían manifestar contra los abusos policiales en junio del 2020 por la crisis del Caso Giovanni. Antes de concluir su sexenio, acusó en una entrevista a su finado antecesor, Jorge Aristóteles Sandoval, de haber entregado el estado a la delincuencia organizada, sin nunca haber hecho una denuncia formal al respecto.El asunto de las narconóminas, pues, deja claro que, si de verdad se quieren debilitar a los cárteles en Jalisco y en México, se debe perseguir a los capos y a sus organizaciones, pero se debe inaugurar también la etapa de ir contra las redes de protección gubernamental y empresariales, que son también culpables de todas las muertes de los buenos militares y policías que enfrentaron a sus cómplices mafiosos, y de las agresiones a la ciudadanía a la que dicen servir y cuidar.jbarrera4r@gmail.com