Sábado, 07 de Marzo 2026

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Proyectar el futuro

Por: Alonso Solís

Proyectar el futuro

Proyectar el futuro

Uno de los herederos más destacados del filósofo político y jurista italiano Norberto Bobbio es Luigi Ferrajoli (Florencia, 1940), cuya obra, por fortuna, ha sido traducida al español y estudiada en nuestro país. Del autor de Il futuro della democrazia, a quien se refiere como “mi maestro Bobbio”, Ferrajoli heredó no sólo una teoría jurídica y política sino un firme compromiso liberal-socialista.

Este compromiso es palpable en su libro Una Constitución de la Tierra. Para salvar a la humanidad (2024), publicado en Uruguay por Editorial Fundación de Cultura Universitaria. Ferrajoli es, por decir lo menos, ambicioso. Propone mediante una Constitución, suscrita por todas las naciones del mundo, hacer frente a los cinco grandes desafíos de la humanidad: la catástrofe ambiental, las guerras, la desigualdad y la pobreza, la explotación salvaje del trabajo y las migraciones forzadas.

Su razonamiento es el siguiente. Los problemas y los poderes salvajes (poteri selvaggi) han adquirido un carácter global, mientras que las instituciones y el derecho internacionales “están modeladas sobre el paradigma del estado nacional soberano” (p. 17). El meollo de la propuesta del profesor Ferrajoli reside en que “[i]ncluso queriendo, ningún actor de la política o de la economía mundial, por más potente que sea (…) podría afrontar, él solo, los problemas del calentamiento global, el desarme mundial y las desigualdades planetarias. Solo un nuevo contrato social de carácter global entre todos los estados y pueblos del planeta podría establecer, de forma vinculante, las garantías de la paz, de los derechos fundamentales de todos los seres humanos y de los bienes vitales de la naturaleza” (p. 16).

La propuesta me parece estimulante, aunque un poco utópica. ¿Realmente es viable —por tomar un ejemplo— prohibir la producción de armas, no sólo nucleares, sino también de fuego? El jurista italiano piensa que sí. Defiende su propuesta como “Un’utopia realistica” (título del segundo capítulo de su libro Progettare il futuro, Feltrinelli, 2025) y presenta cien artículos de esta “Constitución para la Tierra” que hacen hincapié en los derechos sociales, la protección de los recursos naturales y la creación de una federación internacional de Estados democráticos.

Se trata, en todo caso, de una invitación a reflexionar sobre nuestra situación contemporánea, así como de una valiosa batería de insumos para el análisis y la discusión crítica. Su sentido de urgencia ante las crisis globales es indispensable y sano. También lo es su énfasis en la protección de los bienes vitales. Y es que debemos actuar como si estos problemas precisaran atenderse cuanto antes: los cambios a la habitabilidad del planeta causados por la devastación de la naturaleza bien pudieran ser irreversibles. Por ello quizá convenga afirmar, como hace Ferrajoli, que “[l]a humanidad atraviesa el momento más dramático de su historia” (p. 11), no para asumir una cómoda actitud apocalíptico-nihilista, sino para impulsarnos a la acción y proyectar el futuro.

Ferrajoli no es, pues, un profesor enclaustrado o limitado al estudio rígido de códigos y normas; es un jurista comprometido con los desafíos del mundo actual. A sus ochenta y cinco años, goza de una lucidez admirable: sigue trabajando y viajando incansablemente, y promoviendo sus ideas con entusiasmo y vigor.

Podemos debatir sobre lo viable que resulta el proyecto jurídico-político de una “Constitución de la Tierra”, o sobre los pormenores de su costituzionalismo globale —cuya herencia kantiana Ferrajoli reivindica con orgullo—. Sin embargo, en nuestra época de primacía descarada de la fuerza, de lo que no cabe duda es que en su convicción de que el derecho es el mejor instrumento para promover la paz, la igualdad, la dignidad y la libertad, el heredero de Bobbio no podría estar más en lo cierto. Pues sólo mediante el derecho —expresión en grado sumo de la razón humana— podremos proyectar un futuro verdaderamente democrático y libre.
 

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