De acuerdo con el INEGI, la inflación anual fue de 3.79% en enero de 2026; los precios siguen presionando el gasto familiar. Al mismo tiempo, el Banco de México ha señalado que el consumo privado inició el año con debilidad relativa, reflejando cautela en las decisiones de compra.Esto puede interpretarse como un ajuste en el comportamiento de los hogares mexicanos, es decir, en la casa de nuestros clientes.La gente sigue comprando, pero lo hace con mucho más cuidado: compara, lee, investiga, pregunta y después decide. El consumo no desaparece; se vuelve más reflexivo. Y cuando el consumidor se vuelve más reflexivo, también se vuelve más exigente.En estos contextos, muchas empresas reaccionan aumentando la intensidad de sus mensajes para llamar la atención: más promociones, más impactos, más ruido. Sin embargo, cuando el comportamiento es más cauteloso, el exceso de estímulos puede generar el efecto contrario: eleva el desgaste psicológico del consumidor y reduce su tolerancia frente a las marcas.El estudio de las emociones siempre ha sido clave para entender al ser humano y entendernos a nosotros mismos. Esa importancia se amplifica cuando, como sociedad, vivimos estímulos globales que nos afectan en el bolsillo o en nuestra forma de convivir, como una pandemia, cambios políticos profundos o eventos internacionales de gran magnitud.Existen diversas teorías para clasificar las emociones. Una de las más conocidas es la propuesta por Robert Plutchik, quien representó en una rueda las emociones humanas, desde intensidades bajas hasta intensidades altas, y explicó cómo se combinan entre sí. Esta herramienta es clara y útil para comprender que no vivimos una sola emoción a la vez, sino varias, y que su intensidad cambia nuestro comportamiento.A partir de la superposición de movimientos sociales, cambios políticos, presión económica y la constante disputa por nuestra atención, surge lo que podemos llamar inflación emocional: el momento en el que múltiples emociones primarias se activan simultáneamente en niveles altos de intensidad, generando un entorno de baja estabilidad emocional y alta reactividad.Hoy convivimos con una gran cantidad de estímulos sociales. Es posible que, como sociedad, estemos viviendo un periodo de inflación emocional.¿Qué debe hacer una marca en un entorno así? Primero, evitar mensajes ambiguos; segundo, aportar claridad; tercero, transmitir seguridad. Cuando el entorno es incierto, la marca debe convertirse en un punto de estabilidad, un lugar seguro. Solo a partir de esa base se pueden construir mensajes positivos que generen confianza y certidumbre.En tiempos de inflación emocional, los consumidores no solo están sensibles a las promociones o descuentos; también son sensibles al tono, a la coherencia y a la intención. Por eso no es recomendable entrar en guerras de precios sin una estrategia clara. El consumidor puede estar dispuesto a escuchar un mensaje breve, directo y honesto que le ayude a sentirse más seguro respecto a su decisión de compra.Las marcas no deben abandonar su coherencia ni su estabilidad. Aquí cobra especial relevancia contar con una estrategia de marca bien definida y alineada con una política clara de precios, presentaciones y propuesta de valor.En este entorno, la conversación ejecutiva debe cambiar. No basta con revisar dashboards de engagement o ventas semanales. Las preguntas correctas son otras:¿Estamos amplificando ruido o estamos ofreciendo claridad?¿Nuestra comunicación reduce la ansiedad y las fricciones en la compra?¿Estamos leyendo datos y, al mismo tiempo, entendiendo el estado de ánimo de las personas?La inflación emocional exige combinar inteligencia cuantitativa con sensibilidad cultural. Porque cuando la carga emocional colectiva es alta, la confianza se convierte en el activo más escaso.En tiempos donde la emoción está inflada, la atención es frágil y la lealtad volátil. No gana quien se anuncia con un volumen más fuerte. Gana quien interpreta mejor el ánimo colectivo.Hoy, más que nunca, escuchar es una ventaja competitiva.Y recuerda: si no escuchas, no vendes.emiliano@lamarcalab.com