La escalada del conflicto en Medio Oriente provocó un fuerte repunte en los mercados energéticos y encendió alertas en la economía mundial. El precio del petróleo estadounidense subió más de 8% y cerró por encima de los 81 dólares por barril, su nivel más alto desde 2024.La tensión militar entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha puesto en el centro de la preocupación al estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta. Por ese paso circula cerca de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier amenaza al tránsito de buques por esa ruta eleva el precio del crudo, al generar incertidumbre sobre la oferta energética futura.Cuando el petróleo sube, las consecuencias se extienden rápidamente a la economía global. Los costos de transporte, producción y distribución aumentan, lo que termina presionando los precios de bienes y servicios.México no es ajeno a ese fenómeno. Aunque el país es productor de petróleo, también depende de combustibles importados. Por ello, un aumento prolongado del precio internacional puede reflejarse en mayores costos de combustibles, electricidad y transporte.Los sectores más sensibles serían el transporte de carga y pasajeros, la industria manufacturera, la agricultura y la logística de alimentos.Si el conflicto se prolonga, analistas advierten que el petróleo podría encarecerse más, lo que aumentaría la presión sobre las economías emergentes. En ese escenario, los hogares enfrentarían un encarecimiento generalizado del costo de vida.Para el analista energético de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, el bloqueo del estrecho de Ormuz es uno de los mayores riesgos para la estabilidad del mercado petrolero. Advierte que una interrupción prolongada del crudo elevaría combustibles, presionaría la inflación global y afectaría economías importadoras como México.