Miércoles, 11 de Marzo 2026

Templo San José Obrero; la joya neogótica de Arandas

Se trata de una de las construcciones de mayor magnificencia en tierras jaliscienses y de todo el país

Por: El Informador

Este templo en Arandas, en el estado de Jalisco, data de finales del siglo XIX. EL INFORMADOR/ARCHIVO

Este templo en Arandas, en el estado de Jalisco, data de finales del siglo XIX. EL INFORMADOR/ARCHIVO

Cada ciudad tiene un edificio o monumento que con el paso de los años se convierte en su símbolo. No podemos imaginar a Guadalajara sin su Catedral; a la Ciudad de México sin su magnífica columna de la Independencia. Morelia y su antiquísimo Acueducto; y a Arandas con su majestuoso Templo de San José Obrero, en la región de los Altos Sur de Jalisco.

Pero el Templo de San José no es únicamente el símbolo más destacado de Arandas a nivel arquitectónico. También es una de las obras maestras de la cantera jalisciense, y de paso, uno de los mejores —si no el mejor—, ejemplo del estilo de construcción neogótico mexicano.

Hasta finales del siglo XIX, el horizonte de Arandas era similar a los de otras urbes de los Altos de Jalisco. Una ciudad pequeña y laboriosa, con hombres y mujeres de modales francos, nobles y orgullosos. Pero entonces llegó el cambio, cuando comenzó la construcción de la gigantesca estructura del templo, tan grande, que a 100 años de haber comenzado a ser levantado, todavía quedan detalles pendientes.

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Maravilla a la vista

A la distancia, el Templo de San José Obrero domina todo el panorama de Arandas. Sus impresionantes torres y acabados únicos son elementos que dejan en el visitante la sensación de estar ante un sueño.

Al exterior la construcción cuenta con tres portadas y dos majestuosas torres; cada una mide 70 metros de alto. Vale la pena detenerse un poco a ver su fachada, llena de detalles finos que no siempre se revelan ante la primer mirada.

Cabe destacar que una de las restauraciones más célebres que ha tenido la parroquia fue de la mano del arquitecto tapatío Ignacio Díaz Morales, maestro en su ramo y quien también fue responsable de restaurar inmuebles como el maravilloso Teatro Degollado, la Catedral de Tuxtla Gutiérrez y el Hospicio Cabañas.

Las bóvedas de cantera en su interior parecen haber sido labradas con manos celestiales y los vitrales convierten el interior del edificio en un juego de luces y sombras que te robarán un suspiro.

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En los nichos del templo hay imágenes dedicadas a diversos santos, como San Ignacio, San Cayetano y San Rafael, entre otros que han calado profundamente en la devoción de los habitantes alteños. A este detalle se suma que en los vitrales hay pasajes de momentos destacados de la Biblia, como el matrimonio de José y María, la infancia de Jesús o la muerte de San José, a quien está dedicado el templo.

Vale la pena que te quedes un rato en el templo, pero también que explores el exterior. A unos pasos de distancia se encuentra el gigantesco campanil del tercer milenio, que sostiene la campana más grande de América Latina, y que es llamada de forma cariñosa “La reina del silencio”.

¿Y cómo llegar?

Toma la carretera a Tepatitlán. Allí encontrarás la desviación a Arandas, pasando por Capilla de Guadalupe y San Ignacio Cerro Gordo.

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