Debido a las condiciones de seguridad que han enfrentado en los últimos años, diversas ciudades de Latinoamérica y del mundo han desarrollado acciones específicas como parte de sus protocolos para atender situaciones de alto impacto, como balaceras o enfrentamientos entre grupos criminales en espacios públicos.Un ejemplo recurrente es Colombia, país cuya historia reciente ha estado marcada por fuertes conflictos con el crimen organizado, incluso en contextos donde la población civil ha quedado expuesta. A partir de esta experiencia, las corporaciones de seguridad colombianas han sido fortalecidas no solo con unidades especiales diseñadas para proteger a los elementos ante ataques con explosivos o armas de fuego, sino también mediante esquemas operativos que priorizan la movilidad y la reacción táctica.Entre estas estrategias destacan los patrullajes en motocicletas con dos elementos a bordo, desplegados en vías y cruces estratégicos. En ciudades como Medellín, la respuesta policial es rápida gracias al uso de “binomios de motocicletas”: mientras una unidad avanza o recibe una agresión, una segunda motocicleta, que circula aproximadamente 30 metros atrás, obtiene un ángulo favorable para neutralizar al agresor desde un flanco.No obstante, en eventos como enfrentamientos directos entre grupos criminales, los protocolos establecen que los oficiales no deben ingresar de inmediato al centro de la balacera. En su lugar, se forma un perímetro de contención a dos o tres cuadras a la redonda. Esta estrategia permite que los agresores se concentren entre ellos, evita que la policía se convierta en un tercer objetivo y da tiempo para evacuar a los civiles de las zonas cercanas. Una vez que la confrontación pierde intensidad y alguno de los bandos intenta huir, los cuerpos de seguridad interceptan los vehículos de escape, considerados uno de los puntos más vulnerables de los delincuentes.Además de la respuesta terrestre, en hechos de alto impacto se movilizan helicópteros Black Hawk, que permiten vigilar desde el aire, monitorear rutas de escape y, bajo círculos de seguridad, frenar el desplazamiento de los criminales hasta lograr su detención.Brasil también ha enfrentado históricamente altos niveles de criminalidad vinculados a las favelas, especialmente durante las décadas de 1980 y 1990. Como parte de su estrategia, fortalecieron la atención aérea durante enfrentamientos en tierra. En estos casos, francotiradores desde el aire no disparan directamente contra los delincuentes, sino a puntos estratégicos del entorno, generando confusión y reduciendo su capacidad de acción.A ello se suman protocolos de información como la llamada “Movilización en Cascada”, que permite que todas las corporaciones, en distintos niveles, tengan conocimiento inmediato del hecho. Esto facilita la coordinación operativa y la preparación de los hospitales para la atención urgente de heridos, además de alertar sobre la posible llegada de criminales lesionados.Brasil también aplica el protocolo de “Sombra y Seguimiento”, que utiliza patrullas civiles no rotuladas para dar seguimiento a los delincuentes, mientras el centro de mando coordina cortes de circulación en avenidas estratégicas y el cierre de salidas hacia estados vecinos con unidades de élite.Italia, con una larga historia ligada a las mafias sicilianas, ha implementado estrategias adicionales que complementan la reacción policial en tierra. Entre ellas se encuentran cortes temporales de señal telefónica y de radiocomunicaciones, con el objetivo de impedir la coordinación entre criminales y evitar la formación de convoyes de apoyo.Especialistas también han destacado el actuar de las policías de la Ciudad de México, donde opera el protocolo de “Círculos de Seguridad”, integrado a los patrullajes diarios y respaldado por el uso del C5 para el seguimiento en tiempo real de hechos delictivos.De acuerdo con Rubén Ortega, investigador de la Universidad de Guadalajara, además de los protocolos, el número de policías disponibles es un factor clave. Señaló que en la Ciudad de México operan alrededor de 80 mil elementos, lo que representa un policía por cada 107 habitantes. En contraste, Jalisco cuenta con alrededor de 24 mil policías estatales y municipales, es decir, un policía por cada 371 personas, lo que reduce significativamente la capacidad de reacción. El asesinato de Alberto “El Prieto” Valencia evidenció fallas en los protocolos de reacción ante balaceras en la Zona Metropolitana de Guadalajara: el ataque se prolongó casi 20 minutos sin una respuesta inmediata. Autoridades han reconocido que, en este tipo de hechos, se prioriza evitar enfrentamientos directos por el riesgo a civiles y policías. Casos similares se repiten desde 2021 en zonas como Puerta de Hierro y Providencia, con ataques armados en restaurantes y plazas comerciales sin detenciones en tiempo real. En 2022, incluso, se documentó la huida de una patrulla en Providencia. Aunque en la Zona Metropolitana de Guadalajara, particularmente en Zapopan, se registraron recientemente dos balaceras que generaron impacto entre la ciudadanía por tratarse de enfrentamientos armados entre escoltas y criminales, los reportes de detonaciones de arma de fuego no son hechos aislados.Durante todo 2025, el número de emergencias 9-1-1 recibió al menos siete mil 105 reportes en los que se mencionaron detonaciones de arma de fuego, de acuerdo con información obtenida vía transparencia del C5 Escudo Urbano Jalisco. Si bien la cifra es menor a los siete mil 490 reportes registrados en 2024, los datos indican que, en promedio, se reciben 19 llamadas diarias relacionadas con balazos o balaceras.En el desglose por municipios, entre enero y agosto de 2025 Guadalajara fue la demarcación con mayor número de reportes, al contabilizar mil 353 llamadas atendidas por su comisaría municipal. En ese periodo, estos hechos dejaron al menos cinco personas fallecidas y 322 lesionadas. La corporación no informó qué colonias concentraron más incidentes.En el mismo lapso, Zapopan reportó 767 detonaciones de arma de fuego atendidas por su comisaría, con un saldo de 42 personas fallecidas y 68 lesionadas. Las colonias con más reportes fueron Mariano Otero, Miramar, Nuevo Vergel, Villas de Guadalupe, La Consti y Arenales Tapatíos.Tlaquepaque fue el municipio con mayor letalidad. Entre enero y agosto de 2025 registró 277 reportes, con 207 personas lesionadas y 105 fallecidas, lo que implica que casi cada evento dejó al menos un herido y que por cada dos reportes hubo una persona muerta. En Tlajomulco se contabilizaron 541 reportes, con seis personas fallecidas y 59 lesionadas. Finalmente, Tonalá informó 140 reportes de detonaciones de arma de fuego o balaceras, sin detallar cifras de personas heridas o fallecidas. El reporte de atrocidades de la organización nacional Causa en Común se ha consolidado como un referente nacional al documentar casos de extrema violencia en México, como masacres, hallazgos de fosas clandestinas, descuartizamientos y asesinatos con tortura.Para 2025 se registraron cuatro mil 738 atrocidades, cifra ligeramente superior a las cuatro mil 708 del año previo, lo que implica un promedio de al menos 13 eventos de alto impacto diarios.Por tipo de atrocidad, el informe, dado a conocer en enero de 2026, señala un promedio de una masacre al día, además de un caso de mutilación, descuartizamiento o destrucción de cadáveres, y tres asesinatos con tortura.En Jalisco se reportaron 232 atrocidades durante el año, de las cuales 10 fueron masacres y nueve se clasificaron como “jornadas de violencia”, que incluyen balaceras y enfrentamientos. Entre los casos destacan el asesinato de “El Prieto”, su hija de 16 años y su escolta, ocurrido el 29 de diciembre en Residencial Victoria, Zapopan; el plagio de ocho policías de Teocaltiche y un chofer, con el hallazgo posterior de cuatro agentes mutilados, así como el descubrimiento de un campo de exterminio. CT