Cultura

Hernán Cortés, primer cronista de Indias

El historiador Christian Duverger sostiene que “La historia verdadera de la conquista de la Nueva España” fue escrita por el jefe militar, y no por Bernal Díaz del Castillo

Hernán Cortés, primer cronista de Indias
CIUDAD DE MÉXICO (19/FEB/2013).- El historiador y antropólogo francés Christian Duverger, profesor de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, acaba de arrojar una bomba en las tranquilas aguas de la historia de la literatura en español y en la percepción del pasado de españoles y mexicanos. En su libro Crónica de la eternidad, fruto de 10 años de investigación y presentado el jueves en la capital mexicana, demuestra que Bernal Díaz del Castillo nunca pudo escribir La historia verdadera de la conquista de la Nueva España y que su autor no fue otro que el propio Hernán Cortés, como señalan las pruebas reunidas. El cronista-soldado, el testigo crítico de la Corona y de la versión oficial de la historia, el viejo cascarrabias sentimental, obsesionado con el reconocimiento de su gloria, el gran periodista de la Conquista de México, se desvanecería para dejar su lugar al conquistador. El bachiller de Salamanca, el aventurero renacentista, el señor de la guerra satanizado por la historia, se convertiría así en un líder humanista y, como añade Duverger, “en el verdadero fundador, como dijo Carlos Fuentes de Bernal, de la novela latinoamericana”.

Crónica de la eternidad, escrita como una investigación policial, va desvelando las incongruencias de La Historia verdadera... que impiden que Bernal Díaz del Castillo sea su autor. Pero ¿cómo nadie reparó en ellas en todos estos siglos? Duverger responde: “Muchos dudaron, pero la fuerza de los esquemas mentales, de los prejuicios, los disuadió. Yo pertenezco a una escuela de historiadores que fomenta la duda cómo método. Y lo primero que me sorprendió es que Bernal abre su crónica diciendo “terminé de escribirla el 26 de febrero de 1568 en Santiago de Guatemala, sede de la Audiencia (de los Confines)...”, cuando la Audiencia en esos años estaba ¡en Panamá! Nadie revisó eso, ¿por qué mis colegas no lo descubrieron?”.

Esa fue la primera pista, pero vendrían más. Por ejemplo, Díaz del Castillo, que hace gala en su crónica de gran intimidad con Cortés durante la Conquista, no es citado por este en ninguna de sus Cartas de relación ni aparece en ninguna lista de la época de los poco más de 500 hombres que le acompañaron; comienza a escribir a los 84 años, lo que sería un caso portentoso de memoria; lo hace para enmendar la plana a la supuesta versión oficial de fray Francisco López de Gómara, pero su Historia de la conquista de México publicada en Zaragoza en 1552 fue prohibida por la Inquisición al año siguiente y jamás viajó a América; presume de ser un soldado raso pero despliega una gran erudición con citas de clásicos griegos y latinos impensables en alguien de su condición.

Además, sostiene el historiador francés, un análisis del estilo de la crónica revela que está impregnado de construcciones latinas y del náhuatl, que solo alguien como Cortés, según Duverger “fascinado con México e inmerso en un proceso de mestizaje, pudo dejar que penetraran en su manera de escribir en castellano”.

Duverger va eliminando candidatos a la autoría entre la docena de compañeros de Cortés que sabían leer y escribir -ninguno pudo ser testigo de todo lo relatado- hasta toparse con el conquistador. Crónica de la eternidad, una segunda parte de Cortés, la biografía más reveladora, publicada también en México por Taurus en 2010, revela el misterio al entrar en los años finales de éste cuando vuelve a España, un periodo poco estudiado.

Frente a la idea tradicional de un Cortés aislado y perdedor, el historiador se centra en la etapa (1543-1546) que pasó en Valladolid y descubre a un hombre intelectualmente muy activo, que organiza en su casa una academia en la que se dan cita los notables de la ciudad. En esos años, asegura Duverger, es cuando el conquistador, que ha visto cómo todas sus cartas al emperador Carlos V “no solo han sido prohibidas sino también quemadas en plaza pública” en 1527, concibe su plan. “Cortés decide que su público es el futuro. Está orgulloso de lo que hizo y es consciente de que la marca que el hombre deja en la tierra es más fugaz que los libros. Si la Corona quiere matar su memoria, borrarle de la historia, él sabe que su aliada es la posteridad”.

Cortés contrata a López de Gómara, a quien confía sus archivos para que escriba la historia oficial -en su testamento le lega 500 ducados por el trabajo- al tiempo que él escribe sus memorias, “inventando el personaje del soldado anónimo con la libertad de un novelista”, dice el historiador.

Cortés muere en 1547, la obra de Gómara es prohibida -”su poseedor corría el riesgo de pagar una multa altísima, equivalente al precio de 20 mulas”- y su manuscrito permanece oculto durante dos décadas. Pero la sublevación en 1566 de los tres hijos de Cortés en México al frente de los herederos de los conquistadores contra las Leyes de Indias que amenazaban con confiscar sus propiedades resucita el texto. La crónica escrita por Cortés viaja a América para ser el gran golpe de efecto que legitime la causa de los primeros criollos. La conspiración fracasa y los hijos del conquistador son enviados al exilio. Antes, los hermanos envían “el manuscrito a Guatemala, donde vive Bernal, uno de los pocos supervivientes de la Conquista” y cuya existencia está por primera vez documentada en 1544.

Su hijo, Francisco Díaz del Castillo, afirma Duverger, aprovecharía la oportunidad de mejorar su posición en sus pleitos “convirtiéndose en hijo de héroe”, intercalando el nombre de su padre e incurriendo en flagrantes contradicciones “como criticar algunos párrafos de Gómara que nunca aparecieron en su versión dada a la imprenta” y que solo pudo conocer Cortés. El manuscrito sufriría otras manipulaciones hasta su definitiva impresión en Madrid en 1632 con el título que conocemos y la autoría de Bernal.

En la obra de Duverger, Cortés aparece como un héroe y Carlos V como un villano. “Para Cortés, el emperador es un personaje débil que pasa el tiempo guerreando por Europa. No entiende que en plena era de las exploraciones se desaproveche la oportunidad. Tras 15 años en Santo Domingo y Cuba, cuando entra en México impone su visión mestiza y no la genocida que se ha practicado en el Caribe”. “El México mestizo que conocemos hoy es producto de la visión de Cortés”, afirma el historiador, que espera impaciente la reacción del público de ambos lados del Atlántico a su hallazgo y sueña con que algún día la Historia verdadera se publique bajo el nombre de su verdadero autor: Hernán Cortés.

Con información de El País

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Muchos dudaron, pero la fuerza de los esquemas mentales, de los prejuicios, los disuadió. Yo pertenezco a una escuela de historiadores que fomenta la duda cómo método "

Christian Duverger
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