Internacional
Palestinos disfrutan primer día de libertad
No más barrotes ni muros que los dividan de la sociedad; ahora comienza el reto de readaptación para los 477 liberados
GAZA/RAMALA, PALESTINA (20/OCT/2011).- Los palestinos liberados por Israel a cambio del soldado Gilad Shalit hicieron sus ejercicios alrededor de una lujosa piscina con vista al Mediterráneo, en vez de dar la vuelta al patio de la prisión donde estuvieron encerrados durante largos años.
Tampoco comenzaron el día en el habitual salón de desayuno. En el hotel de cuatro estrellas Al-Mashtal, en Gaza, los 105 invitados especiales hicieron fila obedientemente para elegir, uno por uno, su primera comida alrededor del bar.
Fue su primera mañana de libertad luego del intercambio de 477 prisioneros palestinos por Shalit, el soldado israelí capturado por el grupo islamista Hamas en 2006, que pasó cinco años en cautiverio en Gaza.
Algunos de los palestinos liberados pasaron 30 años en la cárcel.
Otro respiro para Shalit
Shalit, cuya delgadez fue un tema de conversación en todo Israel, salió a dar un paseo con su madre en su arbolado pueblo natal en el Norte del país, acompañado por policías que formaron un cordón de seguridad para protegerlo.
“Hay que empezar con algo”, dijo su padre, Noam, a periodistas. “Gilad se siente bien. Necesita tiempo para él”.
En la ocupada Cisjordania se realizó una solemne bienvenida para Nael Barghouti, que pasó 33 años en la cárcel, más que ningún otro palestino liberado el martes.
Barghouti, de 53 años, dijo que lo primero que hizo cuando llegó a su casa fue rezar en las tumbas de su madre y su padre, que murieron cuando él estaba en prisión.
Fue condenado a cadena perpetua en 1978 por su rol en un ataque en el que murió un soldado israelí.
El movimiento Hamas que le otorgó la libertad ni siquiera existía en ese momento, aunque él se afilió desde la cárcel a principios de la década de 1990 tras el inicio del proceso de paz, con la idea de que las negociaciones no iban a funcionar.
“Nuestro mensaje (a Israel) es: si nosotros matamos a uno, ellos mataron a cientos, si nosotros detuvimos a uno, ellos detuvieron a miles, si nosotros los confrontamos con medios simples, ellos nos confrontan con tanques”.
El soldado Shalit, de 25 años, apareció con los ojos hundidos y la piel pálida debajo de un gorro de béisbol en las fotos publicadas el miércoles. Pero sonreía un poco menos tímido.
Como los pálidos y delgados palestinos que exploraban el hotel más moderno de Gaza, Shalit necesitará tiempo para adaptarse a un entorno extraño: ascensores con espejos, teléfonos inteligentes, camareros amables.
Israel liberó a 477 prisioneros palestinos, incluyendo a 27 mujeres, en la primera fase de un canje de mil 027 a cambio de Shalit. Un cuarto fue enviado a Cisjordania, 41 se exiliaron en países extranjeros y el resto fue llevado a Gaza desde Egipto, que medió en las negociaciones. Además, el grupo Hamas anunció que dará dos mil dólares a todos los presos liberados que se hayan instalado en la Franja de Gaza.
En dos meses serán liberados los más de 500 prisioneros que faltan.
Análisis
Canje, sin frutos para la paz
JUAN MIGUEL MUÑOZ (corresponsal en Medio Oriente de El País)
“La liberación tendrá un impacto muy positivo en el estancado proceso de paz”, según afirmó el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Solo algunos diplomáticos se aferraban como a un clavo ardiendo al intercambio de prisioneros palestinos por el soldado Gilad Shalit. Estos canjes son el único método de las organizaciones palestinas y libanesas para obtener la liberación de presos; su excarcelación es a menudo el único modo para Israel de garantizar que sus militares, como promete el Ejército, volverán a casa. Ambos retornos están cargados de una profundísima carga emocional. Pero la política y las negociaciones de paz, creen los expertos, van por un carril bien distinto. “Seguiremos luchando contra el terror”, advirtió el primer ministro, Benjamin Netanyahu. “No descansaremos hasta que todos los palestinos sean liberados”, replicó el portavoz de la milicia de Hamas, Abu Obaida.
Israel y la OLP ya negociaron intercambios similares en el pasado. En 2008, también pactó el Ejecutivo israelí con Hezbolá. Las repercusiones políticas siempre fueron muy limitadas o nulas. “Este canje es un asunto muy específico, y no creo que haya nada más detrás de él”, explicaba Michael Herzog, ex director de planeamiento estratégico del Ejército israelí.
Acontecimientos —entre ellos, la suspensión de una reunión de los mediadores del Cuarteto prevista para los próximos días— en cascada durante las últimas semanas convierten las palabras de Ban Ki-moon en un ejercicio que raya en el voluntarismo político. Encuestas recientes, posteriores a la iniciativa palestina de obtener el reconocimiento como Estado en Naciones Unidas, muestran que 67% de los israelíes opinan que Netanyahu no cree posible un acuerdo de paz. Ya lo decía su padre, Benzión Netanyahu, horas después de que el primer ministro admitiera en 2009, con un sinfín de salvedades, la fórmula de los dos Estados. “No se preocupen. Mi hijo no hará eso”, comentó el centenario historiador. Casi nadie cree que el jefe del Gobierno israelí tenga auténtica voluntad de llegar a pactar. La prensa israelí informaba días atrás de que el ex secretario de Defensa de Estados Unidos Robert Gates llamaba bullshitter (farolero, fantasma) a Netanyahu; y desde la cancillería alemana se filtraba que Angela Merkel no cree una palabra de lo que dice su homólogo israelí.
Netanyahu, excelente conocedor de Estados Unidos —donde estudió y ejerció como diplomático—, está convencido de que el corazón norteamericano late por Israel, y que ningún inquilino de la Casa Blanca llegará a forzar el brazo de su aliado en Oriente Próximo. A unos meses de que arranque la campaña electoral en Estados Unidos, nada indica que el debilitado Barack Obama vaya a enfrentarse a poderosos grupos de presión en Washington. Si durante tres años arremetió contra las colonias judías y endulzó los incrédulos oídos árabes, Obama pronunció en septiembre, en Naciones Unidas, un discurso aplaudido con ostentación por la ultraderecha israelí. Mientras, la colonización de Cisjordania y Jerusalén oriental continúa imparable.
En la acera vecina, tampoco parece que el intercambio vaya a favorecer el impulso a las negociaciones. Hamás, que se opone al proceso de paz y a reconocer al Estado de Israel, obtiene ahora un respiro con el indiscutible triunfo político que supone la liberación de mil prisioneros, sobre todo cuando el presidente, Mahmud Abbas, que gobierna Cisjordania, trataba de apuntarse un tanto con su apuesta diplomática en Naciones Unidas.
Tampoco comenzaron el día en el habitual salón de desayuno. En el hotel de cuatro estrellas Al-Mashtal, en Gaza, los 105 invitados especiales hicieron fila obedientemente para elegir, uno por uno, su primera comida alrededor del bar.
Fue su primera mañana de libertad luego del intercambio de 477 prisioneros palestinos por Shalit, el soldado israelí capturado por el grupo islamista Hamas en 2006, que pasó cinco años en cautiverio en Gaza.
Algunos de los palestinos liberados pasaron 30 años en la cárcel.
Otro respiro para Shalit
Shalit, cuya delgadez fue un tema de conversación en todo Israel, salió a dar un paseo con su madre en su arbolado pueblo natal en el Norte del país, acompañado por policías que formaron un cordón de seguridad para protegerlo.
“Hay que empezar con algo”, dijo su padre, Noam, a periodistas. “Gilad se siente bien. Necesita tiempo para él”.
En la ocupada Cisjordania se realizó una solemne bienvenida para Nael Barghouti, que pasó 33 años en la cárcel, más que ningún otro palestino liberado el martes.
Barghouti, de 53 años, dijo que lo primero que hizo cuando llegó a su casa fue rezar en las tumbas de su madre y su padre, que murieron cuando él estaba en prisión.
Fue condenado a cadena perpetua en 1978 por su rol en un ataque en el que murió un soldado israelí.
El movimiento Hamas que le otorgó la libertad ni siquiera existía en ese momento, aunque él se afilió desde la cárcel a principios de la década de 1990 tras el inicio del proceso de paz, con la idea de que las negociaciones no iban a funcionar.
“Nuestro mensaje (a Israel) es: si nosotros matamos a uno, ellos mataron a cientos, si nosotros detuvimos a uno, ellos detuvieron a miles, si nosotros los confrontamos con medios simples, ellos nos confrontan con tanques”.
El soldado Shalit, de 25 años, apareció con los ojos hundidos y la piel pálida debajo de un gorro de béisbol en las fotos publicadas el miércoles. Pero sonreía un poco menos tímido.
Como los pálidos y delgados palestinos que exploraban el hotel más moderno de Gaza, Shalit necesitará tiempo para adaptarse a un entorno extraño: ascensores con espejos, teléfonos inteligentes, camareros amables.
Israel liberó a 477 prisioneros palestinos, incluyendo a 27 mujeres, en la primera fase de un canje de mil 027 a cambio de Shalit. Un cuarto fue enviado a Cisjordania, 41 se exiliaron en países extranjeros y el resto fue llevado a Gaza desde Egipto, que medió en las negociaciones. Además, el grupo Hamas anunció que dará dos mil dólares a todos los presos liberados que se hayan instalado en la Franja de Gaza.
En dos meses serán liberados los más de 500 prisioneros que faltan.
Análisis
Canje, sin frutos para la paz
JUAN MIGUEL MUÑOZ (corresponsal en Medio Oriente de El País)
“La liberación tendrá un impacto muy positivo en el estancado proceso de paz”, según afirmó el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Solo algunos diplomáticos se aferraban como a un clavo ardiendo al intercambio de prisioneros palestinos por el soldado Gilad Shalit. Estos canjes son el único método de las organizaciones palestinas y libanesas para obtener la liberación de presos; su excarcelación es a menudo el único modo para Israel de garantizar que sus militares, como promete el Ejército, volverán a casa. Ambos retornos están cargados de una profundísima carga emocional. Pero la política y las negociaciones de paz, creen los expertos, van por un carril bien distinto. “Seguiremos luchando contra el terror”, advirtió el primer ministro, Benjamin Netanyahu. “No descansaremos hasta que todos los palestinos sean liberados”, replicó el portavoz de la milicia de Hamas, Abu Obaida.
Israel y la OLP ya negociaron intercambios similares en el pasado. En 2008, también pactó el Ejecutivo israelí con Hezbolá. Las repercusiones políticas siempre fueron muy limitadas o nulas. “Este canje es un asunto muy específico, y no creo que haya nada más detrás de él”, explicaba Michael Herzog, ex director de planeamiento estratégico del Ejército israelí.
Acontecimientos —entre ellos, la suspensión de una reunión de los mediadores del Cuarteto prevista para los próximos días— en cascada durante las últimas semanas convierten las palabras de Ban Ki-moon en un ejercicio que raya en el voluntarismo político. Encuestas recientes, posteriores a la iniciativa palestina de obtener el reconocimiento como Estado en Naciones Unidas, muestran que 67% de los israelíes opinan que Netanyahu no cree posible un acuerdo de paz. Ya lo decía su padre, Benzión Netanyahu, horas después de que el primer ministro admitiera en 2009, con un sinfín de salvedades, la fórmula de los dos Estados. “No se preocupen. Mi hijo no hará eso”, comentó el centenario historiador. Casi nadie cree que el jefe del Gobierno israelí tenga auténtica voluntad de llegar a pactar. La prensa israelí informaba días atrás de que el ex secretario de Defensa de Estados Unidos Robert Gates llamaba bullshitter (farolero, fantasma) a Netanyahu; y desde la cancillería alemana se filtraba que Angela Merkel no cree una palabra de lo que dice su homólogo israelí.
Netanyahu, excelente conocedor de Estados Unidos —donde estudió y ejerció como diplomático—, está convencido de que el corazón norteamericano late por Israel, y que ningún inquilino de la Casa Blanca llegará a forzar el brazo de su aliado en Oriente Próximo. A unos meses de que arranque la campaña electoral en Estados Unidos, nada indica que el debilitado Barack Obama vaya a enfrentarse a poderosos grupos de presión en Washington. Si durante tres años arremetió contra las colonias judías y endulzó los incrédulos oídos árabes, Obama pronunció en septiembre, en Naciones Unidas, un discurso aplaudido con ostentación por la ultraderecha israelí. Mientras, la colonización de Cisjordania y Jerusalén oriental continúa imparable.
En la acera vecina, tampoco parece que el intercambio vaya a favorecer el impulso a las negociaciones. Hamás, que se opone al proceso de paz y a reconocer al Estado de Israel, obtiene ahora un respiro con el indiscutible triunfo político que supone la liberación de mil prisioneros, sobre todo cuando el presidente, Mahmud Abbas, que gobierna Cisjordania, trataba de apuntarse un tanto con su apuesta diplomática en Naciones Unidas.