Jalisco
Tapatíos huelen a pólvora quemada…
Festejan el 204 aniversario de la Independencia de México
GUADALAJARA, JALISCO (16/SEP/2014).- En la ceremonia protocolaria del 204 aniversario del inicio de la Independencia de México llena de luces, música, pólvora y aplausos, anoche, en la Plaza de Armas, el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, se desgañitó en vivas que recordaron a la heroica defensa de la Isla de Mezcala, a los “héroes jaliscienses que nos dieron patria y libertad”, a Hidalgo, Allende, Matamoros y hasta El Amo Torres, quien murió descuartizado en lo que hoy es el terregoso perímetro mortuorio del Mercado Corona.
Luego de la lluvia de aplausos, los apretujados tapatíos escucharon la versión tecno de “Bésame mucho”, de Consuelo Velázquez, y la famosa “Guadalajara, Guadalajara”, que Pepe Guízar eternizó para que los diseñadores del espectáculo decidieran acompañarla con estruendosos fuegos artificiales, luces verdes, blancas, rojas y moradas, instantáneos penachos de fuego que salían de uno de los costados de la Catedral y de un hotel que está frente a la plaza, y bustos audiovisuales de los insurgentes, cuya voz no se entendía, pues se ahogaba en el elevado volumen de la música que se desparramaba por los alrededores del Palacio de Gobierno.
Al final, cuando la efímera luminosidad de la pirotecnia independentista se apagó y el gobernador abandonó el balcón del que se burló José Clemente Orozco, la nube de humo descendió a la plaza y Guadalajara, Guadalajara, olió a pura pólvora quemada.
Luego de la lluvia de aplausos, los apretujados tapatíos escucharon la versión tecno de “Bésame mucho”, de Consuelo Velázquez, y la famosa “Guadalajara, Guadalajara”, que Pepe Guízar eternizó para que los diseñadores del espectáculo decidieran acompañarla con estruendosos fuegos artificiales, luces verdes, blancas, rojas y moradas, instantáneos penachos de fuego que salían de uno de los costados de la Catedral y de un hotel que está frente a la plaza, y bustos audiovisuales de los insurgentes, cuya voz no se entendía, pues se ahogaba en el elevado volumen de la música que se desparramaba por los alrededores del Palacio de Gobierno.
Al final, cuando la efímera luminosidad de la pirotecnia independentista se apagó y el gobernador abandonó el balcón del que se burló José Clemente Orozco, la nube de humo descendió a la plaza y Guadalajara, Guadalajara, olió a pura pólvora quemada.