Cada vez que la Presidenta Sheinbaum invoca la soberanía nacional es porque alguna decisión que afecta a México se está cocinando en el otro lado de la frontera, por lo que ya no está claro si es bueno o malo que nos diga que la va a defender.El concepto de soberanía, como la capacidad de un pueblo y su respectivo Gobierno para tomar decisiones sobre el territorio, hace tiempo que dejó de ser algo absoluto, si es que en algún momento lo fue. Dicho de otra manera, cuando hemos decidido, por conveniencia mutua, compartir con el vecino las actividades que se realizan en el jardín, las normas sobre los usos y el usufructo, la forma en que se toman decisiones sobre ese espacio necesariamente cambia. En la escritura el jardín sigue siendo nuestro, y podemos decidir volver a cerrar el jardín, pero si ellos sembraron muchos de los árboles que ahora nos dan sombra y son, por acuerdo, copropietarios de los frutos de dichos árboles, ambas familias dependemos de ello. Eso aplica para los dos lados de la frontera.La soberanía dejó, pues, de ser un término absoluto, o al menos tiene hoy un significado distinto. Durante años, por ejemplo, se negó la entrega de reos mexicanos solicitados por Estados Unidos para ser juzgados por delitos cometidos en o contra aquel país alegando que éramos soberanos. De repente eso se olvidó. Resulta que somos igual de soberanos, con la diferencia de que lo que antes no se podía -entregar a delincuentes mexicanos para ser juzgados en EU- ahora sí se puede, y sin trámite legal alguno. No fue necesario cambiar la Constitución para entregar a 92 reos, solo ser “más flexibles” con el término soberanía.Con un presidente enloquecido que apela continuamente a la ley del más fuerte en el país que no solo es el vecino sino el principal socio comercial, la palabra soberanía tiene poco sentido. Entre más la usa la Presidenta, más la desgasta y, peor aún, más se debilita a sí misma, pues el discurso y la realidad están cada día más disociados, particularmente en lo que tiene que ver con la soberanía.Soy particularmente renuente a los discursos nacionalistas, entre otras cosas porque suelen invocarse para encubrir las ineficiencias o negligencias del Gobierno en turno, o peor aún, las perversidades del poder. Decidir que es mejor que cierto tipo de delincuentes paguen su condena en otro país donde también cometieron delitos no nos hace menos soberanos. Hacerlo por la presión de ese otro país y en contra de las leyes mexicanas, sí.¡Ah, la soberanía! Cuántas tonterías se dicen, y se hacen, en tu nombre.