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Cartagena, el laberinto caribeño

El barullo de la ciudad se disfruta a cada paso, desde el barrio hasta la zona más exclusiva

GUADALAJARA, JALISCO (11/AGO/2013).- Cuando el acordeón suena en Colombia significa que algo sucederá; en especial, si uno camina de madrugada por las callejuelas amarillentas y bohemias de Cartagena de Indias, ese rincón del Caribe donde el calor se apacigua con un trago puro de aguardiente seco y dulce.

Aunque el acordeón vallenato no es la marca personal de Cartagena de Indias —capital de departamento de Bolívar—, esta ciudad trazada entre lo pirata y lo cosmopolita lo presenta como carta de bienvenida al visitante que por primera vez escucha en voz del cantante callejero aquella emblemática canción colombiana que reza: “Los caminos de la vida no son como yo pensaba, no son lo que imaginaba, no son lo que yo creía”, tema con el que todas las noches este lugar se viste de fiesta, nostalgia y bullicio.

Las calles de Cartagena son un volado al aire. Incitan al turista a caminar sin rumbo para toparse sorpresivamente con los paisajes urbanos donde el baile rumbero es la única razón para estar despierto a las tres de la mañana y continuar hasta que el cuerpo aguante.

Aunque sea de madrugada, los cartageneros no pierden oportunidad de presumir parte de su arte culinario artesanal, pues a cada tres esquinas destacan puestos con sazonadas carnes a modo de banderillas o brochetas, repletas con trozos de filetes de res, embutidos y papas que son aderezados con limón, pimienta y salsas de plátano frito.

No faltan los jóvenes que aplauden y brindan al pie de las calles y plazoletas adoquinadas que tiemblan ante la estridencia de la música electrónica, el reggaetón y el pop, mientras que policías custodian el ir y venir de los turistas que intentan impregnar en sus cámaras fotográficas (o smartphones) los matices nocturnos de Cartagena de Indias.

Callejuelas de libre albedrío

Por un lado, Cartagena de Indias muestra una de las insignias más patrióticas de Colombia: la famosa muralla que rodea a la ciudad como recordatorio de que aquí hubo batallas y conquistas piratas en el siglo XVI, y donde se dice que los muros de esta cordillera de piedra coralina fue sellada con la sangre de los esclavos que la construyeron. Pero también se presume a una Cartagena bañada de exclusividad y prestigio, al fungir como anfitriona de eventos sociales donde los concursos de belleza, las cumbres políticas y el séptimo arte congregan a los personajes más ilustres de cada ámbito.

Hablar de Cartagena y no mencionar sus playas de azul chillante es un pecado turístico. La ciudad caribeña goza de una de las ubicaciones más privilegiadas del planeta, lo que brinda un clima amigable con la piel de los paseantes que desean recorrer cada centímetro sin la preocupación de producir un bronceado no deseado.

Cuando la mañana se dibuja sobre Cartagena, el turista debe estar listo y preparado mentalmente para aguantar un ajetreado recorrido, si es que se quiere conocer al menos los 30 sitios de interés más importantes de la ciudad; esto, claro, considerando que la estancia será breve.

Para conocer la ciudad uno puede hacerse de un mapa y dejarse guiar por las indicaciones de los habitantes y prestadores de servicios turísticos, que como enjambre de abejas acechan al turista ofertando un sinfín de recorridos y souvenirs, de no poner atención, el dinero podría irse en cuestión de segundos ante la belleza de bolsos tejidos, maracas y réplicas de los barcos piratas que descansan en las profundidades de las bahías de la ciudad.

De la plaza principal de La torre del Reloj salen recorridos guiados a bordo de la tradicional “Chiva”, un camioncito muy colorido que por 45 mil pesos colombianos (poco más de 300 pesos) se adentra por las zonas más turísticas de Cartagena, paseando por la ruta colonial donde destacan sitios como la Casa de la india Catalina, la Escuela de las Artes, el Museo del Oro, el Palacio de la Inquisición y el imponente Castillo de San Felipe de Barajas.

De lo viejo a lo moderno

Una de las formas más sencillas y completas de conocer la ciudad es a bordo del City Trolley Tour, que simula un antiguo vagón del tranvía eléctrico; el paseo abarca toda la ciudad, desde los barrios hasta las zonas más exclusivas y vanguardistas de una Cartagena que alude a la arquitectura de Miami, en Estados Unidos.

Este transporte —fabricado artesanalmente desde el estado de Cali, en Valle del Cauca— tiene un costo accesible de 35 mil pesos colombianos (236 pesos) por adulto, y 25 mil (168.50) por niños de cuatro a 12 años, con varios horarios y puntos de abordaje, y recibiendo al paseante con un aperitivo ligero para disfrutar mientras el guía narra las anécdotas sociales, políticas y culturales de las dos Cartagenas: la moderna y la antigua.

El tranvía de neumáticos cuenta con cuatro paradas principales: en el mirador del muelle sobre la bahía, Las Bóvedas, el Teatro Adolfo Mejía y el Castillo de San Felipe, lugar en el que se venden los granizados (nieve de hielo raspado y bañado en un almíbar natural de fresa, maracuyá, plátano o tamarindo, dando el toque dulce una glaseado de leche condesada) por dos mil pesos, que en México serían unos 13.50 pesos.

En el tranvía se conocen los tres barrios más importantes y grandes de Cartagena, iniciando por Boca Grande, donde se encuentra la Avenida San Martín, el punto más comercial de la ciudad.

El segundo barrio es El Laguito. Un mezquita moderna de apartamentos, residenciales, rascacielos lujosos y hoteles de alta categoría, como el famoso Hotel del Caribe, un inmueble que data del año 1533 y fue construido por mandato de Pedro Heredia, fundador de Cartagena. En este servicio de hospedaje se instaló el presidente estadounidense, Barack Obama en la pasada Cumbre de las Américas de 2012.

En este barrio está el centro comercial Pierino Gallo, el punto de encuentro más importante para los cruceros que embarcan en la bahía, así como casas de cambio, casinos y joyerías que presumen las traslúcidas esmeraldas y el oro fino colombiano. Tanta es la exclusividad de este sitio que sus playas son sólo para tomar fotografías. El área de recreación está en un pequeño lago de agua salada —de ahí el nombre del barrio— en el que se pueden rentan kayaks, bicicletas acuáticas y practicar canotaje y remo.

Al llegar al tercer barrio, Castillo Grande, el guía explica que es aquí donde se hace el corte entre la Cartagena lujosa, la antigua y la comercial, pues esta área recibe al turista con la enormidad de la bahía abierta donde se aprecian titánicas grúas marina que atienden a las embarcaciones que cargan con las importaciones que se distribuirán a toda Colombia, pues aquí es el único acceso comercial a través del mar.

Aunque la mayoría de visitas a Castillo Grande son por la tarde, habrá que ingeniárselas para acudir de noche y ver el espectáculo de luces que inicia desde el faro de Cartagena, plantado en el Club Naval de Oficiales.

Tras casi cuatro horas de recorrido se llega al Muelle de la Bodeguita, el único punto autorizado en la localidad para que zarpen las embarcaciones turísticas hacia las islas cercanas de la urbe; hay paseos en lancha que visitan los más de 15 islotes flotantes, paraísos de arena blanquecina y servicios de spa, como la Isla de Rosario y Tierra Bomba.

Aunque las ansias por treparse a las lanchas sean muchas, el turista deberá informarse y tomar la mejor decisión, pues existen personas que ofertan el recorrido de manera ilegal.

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¿Cómo llegar?

- Aeroméxico cuenta con rutas de conexión partiendo desde la capital tapatía.

- El vuelo redondo tiene un costo entre 12 mil y 17 mil pesos, dependiendo de la clase en la que desee viajar.

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