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Estancia El Banco

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Al pie de la ladera sureste del cerro Banco de Jicotón, se erigió la formidable estancia nombrada “El Banco”.

De la estación Cuyutlán, nos dirigimos a Armería, poblado que se desarrollo a partir del maremoto de 1932, cuando bastantes familias cuyutlenses se mudaron al referido pueblo. En uno de los portales compramos unas aguas de coco (acuoco) para el camino. Nos detuvimos antes del puente de Armería a mirar el río de similar nombre, apreciamos un canal de riego en la vera del poblado. El azul río contrastaba con su lecho blanco y con manchones verdes de diversos árboles.

Luego de haber disfrutado del paisaje norte y del paisaje sur del río, regresamos rumbo a Armería, y a una corta distancia nos desviamos a la derecha por el camino a Rincón de López, pasamos Periquillos, Cofradía y luego el camino fue bordeado el cerro Escaltitán, para llegar a Rincón de López, continuamos por el sedero a la estancia, contemplamos el arroyo Peñas Blancas, agua zarca corría entre lirios, en una fosa se reflejaban unas palmeras. Más adelante vimos el cerro Jicotán y a un lado el cerro Jicotón, al final de la ladera nos cautivo la casona de la estancia El Banco.

Un canal de riego, alimentado por el río Armería, delimita la estancia por el costado sur, pasamos el canal y empezamos a admirar el casco. En su lado izquierdo se encuentran las tapias de las trojes, los adobes abrazan los marcos de los portones, al centro de dos marcos hay un vano con remate triangular. Enseguida de las trojes unas ventanas arqueadas ven al canal, al dar vuelta, la fachada este nos mostró una serie de cuartos con ventanas verticales, los marcos de las puertas y ventanas son arqueados y de ladrillo, los muros son de adobe, la estructura fue rescatada con castillos y dalas.

El tejaban era a una agua. La fachada termina con un saliente, que comprende un cuarto con puerta angosta y ventana cuadrada. Después del saliente vimos unas caballerizas y en una de sus bardas creció una parota, los ladrillos fueron simplemente tapizados por raíces. A un costado de las caballerizas miramos unas columnas altas de ladrillo.

Del lado derecho del casco contemplamos con fascinación la hermosa casona de más de medio siglo, con cierta influencia de Le Corbusier, una de sus propuestas fue la ventana horizontal, otra influencia fue prehispánica, siendo desplantada sobre una formidable pirámide de piedra, de tres cuerpos. Tres escaleras suben la pirámide, la primera es lateral y las otras dos frontales y con barbicana, corresponden con el eje de la puerta principal. Subimos emocionados esas escaleras, hasta llegar a la terraza, que hace una escuadra con columnas redondas, la esquina interior es circular (rompiendo la reticular), con ventana circular, bellos elementos se repiten en el segundo piso.

Del lado izquierdo hay un saliente al paño de la terraza y comprende los dos niveles, con una ventana horizontal en cada nivel, siendo la del segundo piso más larga. Atravesamos el umbral de la fantástica finca, el primer nivel comprende la sala, el comedor y la cocina. Una elegante y amplia escalera en caracol sube a las recámaras, ligadas por un pasillo, donde abre una puerta a una terraza descubierta, que obedece con la terraza de abajo. Ambas terrazas nos brindaron unas espectaculares vistas al valle, al río, a los planes y a los cerros colindantes. La estancia es de la familia Uribe.   

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