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La diestra del poder

El secretario de Gobernación no es un hombre de filias y fobias, sino un político de momentos y redes

GUADALAJARA, JALISCO (09/DIC/2012).- La escuela de políticos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) es inconfundible: protocolarios, pragmáticos, formales, calculadores y dedicados enteramente a la política. “La forma es fondo” decía Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación en la Presidencia de José López Portillo (1976-1982). Es la política como arte que refleja la prudencia y el cálculo, obediencia y respeto a la solemnidad. La estructura conservadora y vertical del priismo tradicional chocaba con la narrativa nacionalista y revolucionaria que se extendía con eficacia desde los alcaldes de los municipios más modestos hasta los secretarios de Estado con más influencia política. La identidad política del priato se construía a partir de estos dos elementos aparentemente contradictorios: conservadurismo en las formas e impulsos revolucionarios en los discursos.

Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación designado por el Presidente Enrique Peña Nieto, combina esos impulsos del viejo PRI con las adaptaciones que reclama la transición democrática y el fortalecimiento del pluralismo en el país. Por un lado, Osorio Chong es el producto más acabado de la camada de gobernadores priistas que tomaron el control del tricolor tras la debacle electoral del 2006. Ex gobernador de Hidalgo, hasta marzo de 2011, Osorio Chong gobernó en condiciones de contrapesos ineficaces y un control casi total de la arena gubernamental. Hidalgo, un estado que no ha sido testigo de transición en el poder, es una de las entidades federativas con menor nivel de participación de organizaciones no gubernamentales, con pocos avances en materia de transparencia y sin autonomía de los órganos constitucionales “ciudadanizados”.

Lo ha declarado en múltiples ocasiones la activista social y ex candidata a la gubernatura de Hidalgo, Xóchitl Gálvez, el poder del gobernador de Hidalgo se asemeja a más al de un cacique posrevolucionario que al de un gobernante democrático con los contrapesos y equilibrios necesarios. Sólo basta ver el mastodóntico Comité Directivo Estatal del PRI en Hidalgo, una recreación auténtica de la arquitectura posrevolucionaria en México.

La fortaleza de Osorio Chong desde Pachuca le permitió alimentar la formación de un grupo político que no sólo controla Hidalgo, sino que se vuelve hegemónico en la esfera nacional priista. En conjunto con pesos pesados del priismo hidalguense como Jesús Murillo Karam, procurador General de la República, o el propio David Penchyna, el “Grupo Hidalgo” comenzó a disputar posiciones en el Consejo Político Nacional del PRI y a pelear por espacios de relevancia en el Consejo Ejecutivo Nacional. Al mismo tiempo, Osorio Chong selló un acuerdo en 2009, de cooperación muy cercana con Enrique Peña Nieto.

La idea del nuevo titular de la Secretaría de Gobernación, era alinear a todos los gobernadores hacia la causa peñanietista, ya que mandatarios estatales como Fidel Herrera o el propio Mario Marín, todavía no se comprometían de lleno con el proyecto del mexiquense. Al final, la operación de Osorio Chong fue fundamental para incorporar al círculo íntimo de Peña Nieto a personajes como la gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega o hacer las gestiones para que Humberto Moreira alcanzará, casi por unanimidad, la presidencia nacional del PRI.

Osorio Chong se fue ganando su asiento al lado izquierdo de Peña Nieto. Si Luis Videgaray, nuevo secretario de Hacienda, es su alter ego, ese hombre con el que puede tratar temas tan variados como la política económica o la negociación con el sindicato magisterial, el ex gobernador de Hidalgo se erigía en su operador eficaz, un perfil capaz de sacar acuerdos en escenarios complicados y con pocas probabilidades de éxito. El Pacto por México es un botón de muestra.

La trayectoria de Osorio Chong demuestra su capacidad política y de negociación. En el PRI ha ocupado cargos relacionados con una de sus fortalezas: la operación electoral. En ese sentido, Osorio Chong es uno de los operadores políticos más avanzados del tricolor, demostrándolo cuando fue delegado nacional del CEN en el Estado de México y cuando se encargó de la Secretaría de Operación Política del PRI a nivel nacional. Su trayectoria partidista y en la función pública, manifiestan sus habilidades políticas y su pragmatismo para intermediar y generar acuerdos entre grupos políticos. No es un hombre de filias y fobias, sino un  político de momentos y redes. Su relación con la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y su estrecho contacto con el ex presidente nacional del PRI, Humberto Moreira, son dos pruebas de su extenso tejido de asociaciones y vínculos políticos.

Tres en uno

La labor de Osorio Chong es, por mucho, la más complicada del gabinete que montó Enrique Peña Nieto. Si históricamente la Segob siempre ha sido un espacio donde se tejen los más inconfesabl  es acuerdos y donde se toman las decisiones más duras, ahora con la incorporación de las fuerzas de seguridad pública a la estructura de Gobernación la participación del secretario es aún más crucial.

El ex gobernador de Hidalgo tendrá tres funciones que implican desgaste continuo: la coordinación del gabinete presidencial, la conducción de la política de seguridad pública y las negociaciones políticas. Osorio Chong tendrá que ser “tres en uno” para llevar a buen puerto a esta nueva secretaría de Gobernación que se asemeja mucho más a un ministerio del Interior que a la inercia institucional de la Secretaría durante los dos sexenios panistas. Es innegable que tanto poder y tantas atribuciones, lo colocan, de entrada, como un “presidenciable” para la elección de 2018.

El reto de Osorio Chong es radicalmente distinto al que vivió como gobernador de Hidalgo. Por un lado, tiene que dar resultados automáticos en el combate al crimen organizado, la reducción de la violencia es un imperativo de la administración de Peña Nieto. Y al mismo tiempo, su compromiso con los derechos humanos y con las libertades de los mexicanos, no es una “moneda de cambio”. La eficacia y el estado de derecho tienen que ir de la mano en este periodo de evaluación sobre las credenciales democráticas de la Presidencia que marca el retorno del PRI tras más de una década fuera de Los Pinos. Y aunado a este reto superlativo, Osorio Chong debe trazar los acuerdos necesarios para que los gobernadores se corresponsabilicen de la estrategia de combate al crimen organizado impulsado por la Federación.

Aunque Osorio Chong pertenece a la “parte joven” del gabinete, su designación como secretario de Gobernación responde más a la experiencia que a la irreverencia. Tendremos en Osorio Chong a un secretario con características sobrias y con un discurso de eficacia. Un secretario de solemnidades y prudencia, de discursos estructurados y poco estridentes. Un secretario que entiende que la “ropa sucia se lava en casa” y no en los medios de comunicación. Con Miguel Ángel Osorio Chong aparece en la escena pública esta clase política priista que respeta las formas del priismo clásico, aunque con acentos y matices de renovación. La muestra más clara del ascenso político de los gobernadores en los tiempos democráticos.


EL DATO

Enfrentamiento


El recién nombrado secretario de Gobernación ya tuvo que dar la cara, esto tras los enfrentamientos ocurridos el 1 de diciembre, día en que Enrique Peña Nieto asumió el poder.

Miguel Ángel Osorio Chong rechazó que el Gobierno federal haya cometido detenciones arbitrarias de manifestantes e indicó que “en todo momento se cuidó que la Policía no llevara algún tipo de arma”; sin embargo dijo que toda denuncia será investigada.

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