Suplementos
Museo J. Jesús Figueroa Torres
El portal Galeana de Sayula presume de la Casa de Cultura Juan Rulfo, la cual alberga el Museo de Arqueología “J. Jesús Figueroa Torres”
Del taller de cajetas Lugo, bajamos a la plaza de armas para darnos el gusto de admirar las piezas del enriquecedor museo de arqueología. Nos dio la bienvenida, Blanca Alejandra Benítez Ávalos. La entrada es gratuita y abre todos los días. Entusiasmados entramos al iluminado museo, compuesto por dos salas que forman una escuadra, la luz provenía de una serie de tragaluces.
Observamos unos imponentes guerreros, estilo Ameca-Etzatlán, de 200 años d. C. y unas bonitas vasijas estilo Tala-Tonala de 200-500 d.C. Un texto decía: “Cuenca salinera de Sayula, los factores que influyeron para que se diera en estas cuencas un desarrollo industrial de la extracción de sal fueron su riqueza relativa en sales, su proximidad a la zona oriental de la región tarasca y su ubicación en un corredor natural…”
En otra vitrina vimos unas ollas y súbitamente fuimos cautivados por dos expresivas mujeres. Otra vitrina nos mostró platos hondos en miniatura utilizados en entierros y otra nos enseñó brazaletes fase Arenal en el norte, Verdía en el sur. A unos pasos vimos unos caracoles perforados y una trompeta (caracol de mar), de 300 a.C.-200 d.C.
Las piezas fueron donadas para formar el museo, por el doctor, profesor y escritor, J. Jesús Figueroa Torres, quien también obsequió una valiosa colección de cerámica, el museo abrió sus puertas el 14 de septiembre de 1983. El doctor nació en Colima en 1917 y para 1943 decidió ventilar el resto de sus años en Sayula, dando consultas y medicinas a labriegos y a obreros, al igual que a sus familias, con gusto y sin cobro alguno; impartiendo clases y escribiendo en lo posible, logrando más de una veintena de interesantes libros, tales como: “Hasta que llovió en Sayula”, “Sayula arcaica y toponímica” y “Breve estudio etimológico náhuatl de las voces Zaulan, Zayula y Sayula”. Y en 1971 editó, “El látigo” (quincenal).
Volviendo al museo, observamos unas piezas de concha, fase Arenal en el norte, de 300 a.C.-400 d.C.; cuentas largas fase Arenal en el norte, Verdía en el sur, de 300 a.C.-400 d.C.; collares y flecha, figuras pequeñas, vasijas, ollas, figura de mujer sentada con falda y ollas pequeñas. Otro texto nos ilustro sobre las fases de asentamientos en la cuenca de Sayula, en los cuarentas del siglo pasado la investigadora Isabel Kelly, pudo establecer las siguientes fases: Verdía, de 400 a.C. a 400 d.C.; Sayula, de 400 d.C. a 1000 d.C. y Amacueca, de 1000 d.C. hasta la llegada de los españoles. Al salir apreciamos unas hachas, unos metates, unas macanas, un sello de cerámica y unas vasijas de uso domestico y funerario de 200 a.C.-200 d.C.
Fuimos a comer a La Playa (restaurante y granja acuícola) unos ricos bagres empapelados al horno, con aceitunas, jitomates, cebollas y perejil, que llevó a la mesa Osvaldo Ochoa. Miramos la hermosa laguna salada, detrás de unos potreros, uno de sorgo y otro de alfalfa, en lontananza la Sierra del Tigre.
Observamos unos imponentes guerreros, estilo Ameca-Etzatlán, de 200 años d. C. y unas bonitas vasijas estilo Tala-Tonala de 200-500 d.C. Un texto decía: “Cuenca salinera de Sayula, los factores que influyeron para que se diera en estas cuencas un desarrollo industrial de la extracción de sal fueron su riqueza relativa en sales, su proximidad a la zona oriental de la región tarasca y su ubicación en un corredor natural…”
En otra vitrina vimos unas ollas y súbitamente fuimos cautivados por dos expresivas mujeres. Otra vitrina nos mostró platos hondos en miniatura utilizados en entierros y otra nos enseñó brazaletes fase Arenal en el norte, Verdía en el sur. A unos pasos vimos unos caracoles perforados y una trompeta (caracol de mar), de 300 a.C.-200 d.C.
Las piezas fueron donadas para formar el museo, por el doctor, profesor y escritor, J. Jesús Figueroa Torres, quien también obsequió una valiosa colección de cerámica, el museo abrió sus puertas el 14 de septiembre de 1983. El doctor nació en Colima en 1917 y para 1943 decidió ventilar el resto de sus años en Sayula, dando consultas y medicinas a labriegos y a obreros, al igual que a sus familias, con gusto y sin cobro alguno; impartiendo clases y escribiendo en lo posible, logrando más de una veintena de interesantes libros, tales como: “Hasta que llovió en Sayula”, “Sayula arcaica y toponímica” y “Breve estudio etimológico náhuatl de las voces Zaulan, Zayula y Sayula”. Y en 1971 editó, “El látigo” (quincenal).
Volviendo al museo, observamos unas piezas de concha, fase Arenal en el norte, de 300 a.C.-400 d.C.; cuentas largas fase Arenal en el norte, Verdía en el sur, de 300 a.C.-400 d.C.; collares y flecha, figuras pequeñas, vasijas, ollas, figura de mujer sentada con falda y ollas pequeñas. Otro texto nos ilustro sobre las fases de asentamientos en la cuenca de Sayula, en los cuarentas del siglo pasado la investigadora Isabel Kelly, pudo establecer las siguientes fases: Verdía, de 400 a.C. a 400 d.C.; Sayula, de 400 d.C. a 1000 d.C. y Amacueca, de 1000 d.C. hasta la llegada de los españoles. Al salir apreciamos unas hachas, unos metates, unas macanas, un sello de cerámica y unas vasijas de uso domestico y funerario de 200 a.C.-200 d.C.
Fuimos a comer a La Playa (restaurante y granja acuícola) unos ricos bagres empapelados al horno, con aceitunas, jitomates, cebollas y perejil, que llevó a la mesa Osvaldo Ochoa. Miramos la hermosa laguna salada, detrás de unos potreros, uno de sorgo y otro de alfalfa, en lontananza la Sierra del Tigre.