Suplementos
San José del Cabo
Más allá de la playa y la fiesta, el sitio se muestra ideal para plácidos recorridos culturales y charlas de café
GUADALAJARA, JALISCO (03/MAR/2013).- El oriente del cerro El Saltito y al poniente del arroyo San José, se asentó una misión jesuita, con el tiempo se fue conformando un bizarro poblado en su entorno, el cual tomó parte del nombre de la misión, “San José del Cabo”.
En 1720 se fundó la Misión Santiago y un año después, el padre Ignacio María Nápoli inició la evangelización de los pericúes, comprendiendo Añuiti (Arroyo de San José). Para 1730, el padre Nicolás Tamaral, emprendió la Misión de Estero de las Palmas de San José del Cabo, apoyado por el padre visitador José de Echeverría, quien realizó los primeros bautismos.
Al siguiente año la misión se cambió ocho kilómetros tierra adentro, debido a la abundancia de mosquitos a la vera del arroyo. Se respiró poca seguridad contra los sublevados, pues sólo había tres soldados en Santa Rosa, dos en Santiago, uno en Santa Cruz (La Paz) y ninguno en San José. El ataque a las misiones lo planearon Botón, Chicori y sus aliados.
En septiembre de 1734, fue asesinado un soldado de Santa Rosa, el primero de octubre, en Santiago, fue flechado el clericó y el día tres, Tamaral, en San José, ambas misiones fueron devoradas por el fuego. En febrero de 1735, fondeó el San Cristóbal en San José y los marineros fueron atacados por los pericúes en una emboscada, en marzo, los misioneros se reunieron en Loreto. Para diciembre, el gobernador de Sinaloa fue a Loreto con cuarenta soldados y cien aliados yaquis a sofocar la rebelión. Y en octubre del siguiente año, Taraval, restauró San José y en diciembre, la tropa de Rodríguez Larrea ocupó la misión.
En 1738 se retiró de la misión dejando a diez soldados para resguardarla, a dos años, fue muerto un vaquero de la misión. Para 1748, el paludismo mermó a los pericúes, se dice que sobrevivió una sexta parte. Taraval se entregó a renovar la misión cerca de la playa, volviendo a su primitivo asentamiento, no dejó de trabajar por la misión a pesar de estar enfermo, hasta fallecer en 1751. Y en 1753 continuó su labor, Ignacio Tirsch. El 30 de noviembre de 1767, entró al recinto, Gaspar de Portolá para despojar a los jesuitas del reino español.
De la Marina Puerto los Cabos, nos adentramos a San José del Cabo, por el agradable bulevar Antonio Mijares, arbolado y con vistosas fincas, cafés y galerías se dejaban ver. A la plaza de armas se le dio el mismo nombre que del bulevar, donde apreciamos el señorial Palacio Municipal, con ventanas verticales, capiteles dóricos y remates en medio punto, entre ellas se encuentra la puerta principal y arriba la torre del reloj. Enfrente miramos unos bustos de personajes ilustres, animados por una arcada, a un costado está el asta, que ondea la honorable bandera nacional.
En la cuadra limitante nos cautivó la construcción denominada, “La Internacional”, de dos niveles y con una portada conformada por cinco arcos. El kiosco, con aires porfirianos, estaba decorado con una estrella navideña sobre su techo. Al lado de un alto árbol de navidad miramos unos nacimientos manifestados por alegres jóvenes y en el foro bailaban unas rítmicas señoritas.
A unos pasos vimos el legendario templo de la misión, tres peldaños suben a la puerta principal, dórica y en arco de medio punto, A los costados, ventanas verticales y arqueadas, abrazadas por campanarios salientes, de un cuerpo, con un vano arqueado por cara y remate piramidal. La planta del templo es en cruz latina, sobre el altar principal posa el Señor San José. El techo es a dos aguas.
Del templo nos detuvimos en unas tiendas de artesanías, cada pieza contribuía a embellecer su espacio. Unas palmeras dejaron de dar sombra a unas mesas redondas, donde se fueron prendiendo algunas velas, ocupamos una de esas románticas mesas y degustamos un delicioso vino californiano y un suculento filete de atún, una fuente aledaña susurraba ánimo, estábamos en Casa Natalia. El postre fue una deliciosa nieve en la plaza y era de la Nevería Tropical.
PARA SABER
Hoteles
- Best Western Hotel & Suites Las Palmas
- Rating es una opción que ronda los mil pesos por noche.
- El Tropicana Inn, por su parte, alcanza mil 500 por noche. Ambos son los casos más céntricos.
En 1720 se fundó la Misión Santiago y un año después, el padre Ignacio María Nápoli inició la evangelización de los pericúes, comprendiendo Añuiti (Arroyo de San José). Para 1730, el padre Nicolás Tamaral, emprendió la Misión de Estero de las Palmas de San José del Cabo, apoyado por el padre visitador José de Echeverría, quien realizó los primeros bautismos.
Al siguiente año la misión se cambió ocho kilómetros tierra adentro, debido a la abundancia de mosquitos a la vera del arroyo. Se respiró poca seguridad contra los sublevados, pues sólo había tres soldados en Santa Rosa, dos en Santiago, uno en Santa Cruz (La Paz) y ninguno en San José. El ataque a las misiones lo planearon Botón, Chicori y sus aliados.
En septiembre de 1734, fue asesinado un soldado de Santa Rosa, el primero de octubre, en Santiago, fue flechado el clericó y el día tres, Tamaral, en San José, ambas misiones fueron devoradas por el fuego. En febrero de 1735, fondeó el San Cristóbal en San José y los marineros fueron atacados por los pericúes en una emboscada, en marzo, los misioneros se reunieron en Loreto. Para diciembre, el gobernador de Sinaloa fue a Loreto con cuarenta soldados y cien aliados yaquis a sofocar la rebelión. Y en octubre del siguiente año, Taraval, restauró San José y en diciembre, la tropa de Rodríguez Larrea ocupó la misión.
En 1738 se retiró de la misión dejando a diez soldados para resguardarla, a dos años, fue muerto un vaquero de la misión. Para 1748, el paludismo mermó a los pericúes, se dice que sobrevivió una sexta parte. Taraval se entregó a renovar la misión cerca de la playa, volviendo a su primitivo asentamiento, no dejó de trabajar por la misión a pesar de estar enfermo, hasta fallecer en 1751. Y en 1753 continuó su labor, Ignacio Tirsch. El 30 de noviembre de 1767, entró al recinto, Gaspar de Portolá para despojar a los jesuitas del reino español.
De la Marina Puerto los Cabos, nos adentramos a San José del Cabo, por el agradable bulevar Antonio Mijares, arbolado y con vistosas fincas, cafés y galerías se dejaban ver. A la plaza de armas se le dio el mismo nombre que del bulevar, donde apreciamos el señorial Palacio Municipal, con ventanas verticales, capiteles dóricos y remates en medio punto, entre ellas se encuentra la puerta principal y arriba la torre del reloj. Enfrente miramos unos bustos de personajes ilustres, animados por una arcada, a un costado está el asta, que ondea la honorable bandera nacional.
En la cuadra limitante nos cautivó la construcción denominada, “La Internacional”, de dos niveles y con una portada conformada por cinco arcos. El kiosco, con aires porfirianos, estaba decorado con una estrella navideña sobre su techo. Al lado de un alto árbol de navidad miramos unos nacimientos manifestados por alegres jóvenes y en el foro bailaban unas rítmicas señoritas.
A unos pasos vimos el legendario templo de la misión, tres peldaños suben a la puerta principal, dórica y en arco de medio punto, A los costados, ventanas verticales y arqueadas, abrazadas por campanarios salientes, de un cuerpo, con un vano arqueado por cara y remate piramidal. La planta del templo es en cruz latina, sobre el altar principal posa el Señor San José. El techo es a dos aguas.
Del templo nos detuvimos en unas tiendas de artesanías, cada pieza contribuía a embellecer su espacio. Unas palmeras dejaron de dar sombra a unas mesas redondas, donde se fueron prendiendo algunas velas, ocupamos una de esas románticas mesas y degustamos un delicioso vino californiano y un suculento filete de atún, una fuente aledaña susurraba ánimo, estábamos en Casa Natalia. El postre fue una deliciosa nieve en la plaza y era de la Nevería Tropical.
PARA SABER
Hoteles
- Best Western Hotel & Suites Las Palmas
- Rating es una opción que ronda los mil pesos por noche.
- El Tropicana Inn, por su parte, alcanza mil 500 por noche. Ambos son los casos más céntricos.