Suplementos
Veredas
Laguna Cuyutlán
En 1869, el coronel Albert S, Evans escribió: “A propósito de este lago, hace algún tiempo que el gobierno proyectó la apertura de un canal cortando un cerro que se interpone entre el puerto y dicho lago, para establecer la comunicación por medio de vapor, con la bahía. La obra se comenzó, y en este trabajo se gasto la suma de $ 30,000; poco faltaba para llevarla a cabo, pero la falta de fondos hizo que se suspendiera”.
Luego de haber admirado hermosas formas de aves y de follajes, llegamos a “El Malecón”. Observamos unas jaibas a la vera del malecón. Ocupamos una de las mesas cercanas a la laguna, Elvira Flores nos llevó un rico ceviche, después acercó unas sabrosas viandas con róbalo, jaibas y mojarras. Y por último un suculento filete de vela al mojo de ajo.
La responsable de la cocina era Leticia de la Cruz. La mojarra y la jaiba oriundas de la laguna. Fuimos degustando aquellos manjares y mirando la mágica e hechizante masa de agua, expresiva y encantadora a la vez.
Le platiqué a mi familia que en esas estupendas aguas surcaba un fabuloso vapor llamado, “Colima”. Marisol dudó, ¿un vapor papá?, le ratifiqué y le platiqué, que el sosiego de la laguna era interrumpido por la caldera, las paletas, pero principalmente por el fuerte silbido del vapor, que al sonar volaban aves por doquier.
Es preciso evocar al señor Augusto Morrill, dueño del rancho “El Balcón”, situado a unos cinco kilómetros al oeste de Colima, quien en 1871 emprendió la, “Compañía del Vapor Colima”. Vapor de dos ruedas de paleta, con eslora de 30 pies y manga de 14. Total de toneladas, 30. Capacidad de 140 cargas de mula. Fuerza de 14 caballos y velocidad de 12 k.p.h. La ruta que cubría era del atracadero de Cuyutlán al puerto de Manzanillo.
Cobraba $ 3.00 pesos por persona y 50 centavos por cada bulto de hasta 100 kilos. El servicio era de junio a noviembre, puesto que bajaba el nivel de la laguna e impedía su navegación. Hubo un intento del ingeniero Banda por desviar las aguas del río Armería para mantener el nivel deseado durante el estiaje. En 1882 dejó de navegar el fantástico vapor.
En 1874, John Lewis Geiger citó respecto al vapor: “con una pequeña cabina y una cámara para el timonel encima…El motor es, quizá, la mayor curiosidad de todos. Había sido anteriormente utilizado, creo, para hacer funcionar un pequeño aserradero en Colima y su orgullo ha sido durante muchos años contar para su funcionamiento con una caldera gigantesca, y unos cilindros más pequeños, a la vez que mantiene todavía sus viejas bandas de cuero para transmitir el movimiento a las ruedas de las paletas…el motorcito echaba humo y hacía una bulla como si fuera a impulsar un paquebote de cinco mil toneladas a través del océano”. Cabe mencionar que las ruedas de paleta fueron las antecesoras de la hélice.
De “El Malecón”, fuimos al mirador que se encuentra pasando el puente Tepalcates. Contemplamos la fascinante laguna y nos imaginamos el vapor surcando las aguas salobres y silbando por el gusto de encontrarse en la espectacular laguna.
Luego de haber admirado hermosas formas de aves y de follajes, llegamos a “El Malecón”. Observamos unas jaibas a la vera del malecón. Ocupamos una de las mesas cercanas a la laguna, Elvira Flores nos llevó un rico ceviche, después acercó unas sabrosas viandas con róbalo, jaibas y mojarras. Y por último un suculento filete de vela al mojo de ajo.
La responsable de la cocina era Leticia de la Cruz. La mojarra y la jaiba oriundas de la laguna. Fuimos degustando aquellos manjares y mirando la mágica e hechizante masa de agua, expresiva y encantadora a la vez.
Le platiqué a mi familia que en esas estupendas aguas surcaba un fabuloso vapor llamado, “Colima”. Marisol dudó, ¿un vapor papá?, le ratifiqué y le platiqué, que el sosiego de la laguna era interrumpido por la caldera, las paletas, pero principalmente por el fuerte silbido del vapor, que al sonar volaban aves por doquier.
Es preciso evocar al señor Augusto Morrill, dueño del rancho “El Balcón”, situado a unos cinco kilómetros al oeste de Colima, quien en 1871 emprendió la, “Compañía del Vapor Colima”. Vapor de dos ruedas de paleta, con eslora de 30 pies y manga de 14. Total de toneladas, 30. Capacidad de 140 cargas de mula. Fuerza de 14 caballos y velocidad de 12 k.p.h. La ruta que cubría era del atracadero de Cuyutlán al puerto de Manzanillo.
Cobraba $ 3.00 pesos por persona y 50 centavos por cada bulto de hasta 100 kilos. El servicio era de junio a noviembre, puesto que bajaba el nivel de la laguna e impedía su navegación. Hubo un intento del ingeniero Banda por desviar las aguas del río Armería para mantener el nivel deseado durante el estiaje. En 1882 dejó de navegar el fantástico vapor.
En 1874, John Lewis Geiger citó respecto al vapor: “con una pequeña cabina y una cámara para el timonel encima…El motor es, quizá, la mayor curiosidad de todos. Había sido anteriormente utilizado, creo, para hacer funcionar un pequeño aserradero en Colima y su orgullo ha sido durante muchos años contar para su funcionamiento con una caldera gigantesca, y unos cilindros más pequeños, a la vez que mantiene todavía sus viejas bandas de cuero para transmitir el movimiento a las ruedas de las paletas…el motorcito echaba humo y hacía una bulla como si fuera a impulsar un paquebote de cinco mil toneladas a través del océano”. Cabe mencionar que las ruedas de paleta fueron las antecesoras de la hélice.
De “El Malecón”, fuimos al mirador que se encuentra pasando el puente Tepalcates. Contemplamos la fascinante laguna y nos imaginamos el vapor surcando las aguas salobres y silbando por el gusto de encontrarse en la espectacular laguna.