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Jardín Independencia

GUADALAJARA, JALISCO (13/JUN/2010).-  El corazón de Dolores Hidalgo es sin duda el hermoso Jardín Independencia, conocido también como “Plaza del grande Hidalgo”.

Del Museo de la Independencia fuimos a saborear un espagueti y un pollo a la naranja al restaurante del Hotel Cocomacán, donde vimos un cuadro de José Alfredo Jiménez, con sombrero de charro y un jorongo con la parroquia de Dolores. El restaurante está animado y rodeado por bonitas arcadas en sus dos pisos. Después de la rica comida, dimos unos pasos a la insólita plaza de armas, adquirimos unas nieves de garrafa y las degustamos en una banca de hierro que miraba a una bella escultura de bronce, del libertador y justiciero Hidalgo, que ocupa el centro de la plaza, cuadrada, de cien metros por lado, donde convergen andadores sombríos.

El pedestal, es neoclásico, alto y de dos cuerpos, el primero con una placa que dice: “Al padre de la Patria, Miguel Hidalgo, los Estados de la República Mexicana, año de 1887”.  En el desplante del segundo cuerpo, apreciamos cuatro preciosas águilas con su serpiente en el pico, cada ave en una esquina. La base es de forma octagonal, con cuatro palmas verticales. Hidalgo de pie, gallardo y con su brazo derecho extendido y la mano abierta, como queriendo decir, “Basta de esclavitud, servilismo y humillación de la Corona, lucharemos por un país libre y justo”, la mano izquierda sostiene el estandarte de la Virgen de Guadalupe, réplica del estandarte del santuario de Atotonilco, Guanajuato.  El 6 de junio de 1863, en el curato de Dolores, Benito Juárez, solicitó por decreto una escultura de Hidalgo para la plaza, donde antaño se instalaba el tianguis dominguero, una fotografía añeja lo ratifica, posteriormente y por cierto tiempo, el espacio fue destinado para las fiestas taurinas.

Al cimentar el pedestal se encontraron vestigios de añosos calicantos, la fantástica escultura se inauguró el 16 de septiembre de 1891, fecha en que al jardín principal se le denominó “Jardín Independencia”. La obra fue de Miguel Moreña y de su discípulo Eduardo Concha, la pieza de cuatro metros y medio de altura se realizo en la Fundidora Tacubaya y se requirieron 205 arrobas de metal, en las águilas 100, 20 en las palmas y otras tantas en los bajorrelieves. En la Fundidora del Refugio, de Puebla, se hicieron los elaborados barandales. Al fondo de la escultura vimos la bizarra parroquia. 

Caminamos pausadamente por la encantadora plaza, nos cautivó un sensacional ahuehuete, retoño del árbol de la noche triste en Tacuba, donde a Hernán Cortés se le rodaron lágrimas, luego de huir de su derrota. Bajo su sombra vimos una escultura de Cortés, hincado. Entre los atractivos jardines miramos cuatro fuentes de dos copas, una en cada punto cardinal. Y en la esquina Suroeste observamos el kiosco, octagonal y con aires porfirianos. El simbólico Jardín Independencia nos trasmitió energía, energía del primitivo ejército insurgente que reunió Hidalgo en el jardín, al repicar las campanas de la parroquia.
El 8 de diciembre de 1753, nació Miguel Gregorio Antonio Ignacio, en el rancho viejo de San Vicente, localizado en la llanura de Pénjamo, rancho que conformaba la hacienda de San Diego Corralejo, su administrador era su padre, Cristóbal Hidalgo y Costilla, oriundo de Tejupilco. Casó con Ana María Gallaga, tuvieron cuatro hijos, el primogénito fue Miguel, todos estudiaron en Valladolid (Morelia), posteriormente Miguel ingresó al Colegio de San Nicolás, donde sus compañeros lo llamaron “El Zorro”, por astuto y perspicaz. Fue nombrado maestro y luego rector del colegio. En 1779, se fue a la Ciudad de México, lugar donde se ordeno y fue reconocido como bachiller en teología. Fue cura de Colima, San Felipe y Dolores.

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