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Hacienda San Cayetano

GUADALAJARA, JALISCO (31/OCT/2010).-  Al suroeste del Volcán el Molcajete se ubica la atractiva Hacienda San Cayetano.

Luego de contemplar El Ceboruco, regresé a la carretera de Ahuacatlán y seguí rumbo a El Marquesado. Pasando Santa Isabel empecé ver el imponente Volcán Sangüangüey, que atesora una enorme y bella piedra. Después pasé por la legendaria Hacienda la Labor. Everardo Peña Navarro puso en tinta: “El 22 de junio de 1915, las fuerzas del general Buelna que se encontraban en Ixtlán y Ahuacatlán, pero en ausencia de su jefe que había ido a conferenciar con Villa, a iniciativa de algunos de los jefes inferiores, prepararon un asalto a la ciudad de Tepic… Otras dos acciones, entre villistas y carrancistas, fueron de verdadera importancia: el sangriento y reñido combate efectuado en la Hacienda de La labor, que duró varios días y donde se peleó con verdadero encarnizamiento. Los villistas estaban mandados por el joven y valiente general Buelna y el ataque a la ciudad de Tepic, por los propias huestes villistas, contra las que mandaba el general Damy que tuvo como consecuencia la retirada de los villistas”.

Volviendo al insólito camino que recorría enseguida de La Labor, se dejó ver del lado izquierdo el hermoso Volcán Media Luna, nombre que le dio su cresta; sin duda alguna, me encontraba en un valle de volcanes, de pintorescos volcanes. Tomás Velázquez Galván, citó: “En cuanto a alturas, además de la muy conocida e histórica Sierra de Nayarit, que atraviesa el Territorio de Norte a Sur, las principales alturas que en éste se encuentran son las siguientes: al oeste de Acaponeta la Sierra de San Francisco; al  este de Rosamorada, la de Teponahuastla; al este de Santiago, las de Acatán e Ixcatán; en el Partido de Compostela las de Zapotán y Vallejo; en la Municipalidad de Tepic se encuentran los cerros de Sangüangüey, Jauja y Acayapan; en la Municipalidad de Ahuacatlán está el Volcán del Ceboruco y los cerros de Picachos, Molcajete Grande y Molcajete Chico”.    
 
Después de El Refugio, vi  a lo lejos el bonito Volcán El Molcajete, y tras unos cuatro kilómetros recorridos llegué a San Cayetano, pregunté por la hacienda y me indicaron que a dos cuadras diera vuelta a la derecha y la encontraría; seguí las indicaciones y la calle terminó en los límites de la hacienda. Luego, luego me fui acercando al casco, y al hacerlo, súbitamente fui sorprendido y maravillado a la vez por hermosos venados, me quedé inmóvil ante los bellos venados, simplemente mirándolos, actitud recíproca, casi todos me voltearon a ver por un breve momento. La mayoría, hembras con crías o preñadas, unas barrosas y otras coloradas, colas blancas, colas que levantan en señal de alerta. Parte de la huerta de la hacienda fue cercada, para formar el corral de los venados, la otra parte lo delimita un muro de piedra aparente. Gruesos y bizarros mangos, aguacates y toronjos dan sombra a los venados. Un tanto al centro, se localiza una pila redonda, que sacia a los fantásticos animales.

Di unos pasos para observar la preciosa casona, su fachada principal mira a una fuente redonda, con dos gansos al centro, uno de ellos con las alas levantadas, palmeras japonesas embellecen a la fuente, a un costado un San José o un San Antonio entre macetones floridos. A cada lado del cancel que abre al pórtico, hay un león echado custodiando con garbo la finca. Cuatro peldaños suben al señorial pórtico, comprendido por ocho columnas cuadradas con capiteles dóricos, cuatro columnas al frente y otras tantas al fondo, el pórtico fue rematado por un frontón triangular con una almena por lado. A cada costado del pórtico hay dos ventanas verticales con forja. Del lado derecho y enseguida de las ventanas referidas, está una puerta arqueada, posteriormente hay un saliente con ventanas y más adelante, otro saliente hace esquina; los jardines presumen de pájaros de fuego, de altas palmeras, de vistosos pinos, de gruesos fresnos y de muchas plantas más, sensacionales jardines por doquier, los muros de la casa grande fueron pintados de amarillo y los marcos, las columnas, las almenas y la cornisa, de blanco, creando un agradable contraste. El sitio es disfrutado por la familia Menchaca.

Everardo refirió, que a principios de 1912: “Cuentan que el capitán Castro increpó al teniente Guerrero reprochándole su conducta; contestando éste que ya había consumado su acto y no había más solución que entregarse a las vicisitudes de la suerte. La fuerza pronunciada tomó la dirección de Jalisco, llegando al pueblo a las ocho de la mañana con el mayor orden y sin cometer depredación alguna. Pidieron armas, pero como se les asegurara que no había, se marcharon luego por El Pantanal a la Hacienda de San Cayetano, de donde sólo extrajeron un rifle y 120 pesos en efectivo. Muchos de los presos liberados por los rebeldes se presentaron a la autoridad política y ésta les concedió una libertad provisional”.

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