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Barranca Beltrán
GUADALAJARA, JALISCO (16/ENE/2011).- Una tibia mañana, Diego y yo nos dirigimos a Tonila, “lugar donde primero alumbra el Sol”, claro que después de los conos de los volcanes, los cuales de estar oscuros, se tornan amarillos, muy amarillos y nítidos. Bajamos por la sensacional carretera a Atenquique (José Ma. Arreola nos dice: Atenquique -forma adjetiva y reduplicativa de Atenco, “en la orilla de la barranca”; significando que hay un poblado en los dos bordes de algún vado de río embarrancado. Atenquique es nombre de una barranca profunda en la estribación oriental del Nevado Colima), sensacional por sus gargantas llenas de agua y plantas; por sus curvas; y por sus bajadas y subidas, es todo un paseo. Hace unas décadas la carretera no existía, la fundación de la fábrica de papel motivó a la realización de la carretera, antaño la ruta que se transitaba para llegar a Colima, era la de Zapotiltic-Tecalitlán-Pihuamo. Los pobladores de Tonila, San Marcos y Platanar, cuando viajaban más allá de la comarca, bajaban a las estaciones: Tonilita, Villegas o Platanar, el ferrocarril fue la mejor alternativa por lustros. Atravesamos Atenquique por las vías, luego subimos a Platanar, dividida por su arroyo y famosa por su venerada virgen, después fuimos viendo el bizarro cañón Tuxpan y enseguida bajamos a la insólita barranca Beltrán, tapizada de lobelias, acacias, cactus, ericáceas, tepames y huajes.
Pasando el puente Beltrán, estacionamos el coche a un costado de una puerta de fierro, caminamos por el puente para ver la barranca, fuimos cautivados por el arroyo Bernal, que corría con garbo entre un sauzal, el cordón plateado era embellecido por el follaje de los sauces. Enseguida entramos por la referida puerta, conformada por dos hojas para las camionetas y una para los peatones, que fue la que abrimos. Una vereda nos mostró el atractivo arroyo, que hacia pequeños saltos para llegar a una tinaja. Después caminamos arroyo arriba, seguimos la brecha que bajaba al arroyo, al llegar a la orilla admiramos las expresivas laderas de la cañada, cubiertas por variadas plantas, paredes verticales, desnudas y blancas, contrastaban con el verdor y con las tinajas, tinajas que se adentraban en los paredones formando pequeñas cavidades. Caminamos por el lecho del arroyo y tras un recodo nos hechizó una parota sobre un pequeño montículo, aledaño al arroyo, el grueso palo nos mostró sus raíces, que se perdían en la cristalina agua, unas lianas acariciaban con gracia sus ramas, otras ramas hacían contrapeso, para resistir el peso de las ramas que se tendían sobre el arroyo. Detrás de la parota, el arroyo canturreaba alegría al rozar con varias piedras salientes, más adelante formaba unas tinajas, donde se reflejaba el bonito y diverso follaje, enseguida de las tinajas vimos un tramo de agua y al final, la vegetación lo ocultaba. Nos sentamos en unas piedras a contemplar la bella barranca, animada por su arroyo, por sus plantas y por sus pájaros. “Pajarillo, pajarillo, pajarillo barranqueño, que bonitos ojos tienes, lástima que tengan dueño…”. De regreso recogimos unos limones amarillos, que nos impregnaron aroma, aroma barranqueño.
Tonila atesora varias barrancas: La Arena, La Tuna, El Cafecito, Santa Ana y Del Muerto, todas son pliegues del volcán y lo fantástico radica en que son pliegues vivos, vivos de agua. De Beltrán continuamos nuestro paseo rumbo a San Marcos, a corta distancia nos detuvimos a observar otro arroyo, “La Ladrillera”, y para ello caminamos por el puente “Las Ánimas de Tonila”, de donde apreciamos una garganta verdosa que acompañaba el correr del arroyo, en lontananza lo embellecía el Volcán de Fuego. La garganta converge con la barranca Beltrán y ésta con el cañón Tuxpan. Diego comentó: “Qué hermosas barrancas”.
Juan S. Vizcaíno puso en tinta: “Columnas de vapor. Estas emisiones de vapor que se elevan hasta determinada altura, se dirigen según la dirección del viento, están cargadas de cenizas y poca arena que son depositadas a grandes distancias, beneficiando algunas veces a la agricultura y a las plantas de los bosques... el lado Este del cono estaba cubierto por una capa de rocas que habían llegado hasta el Portezuelo entre el cono y Los Hijos.
“La barranca que se inicia en este punto y a lo que nativos le dieron el nombre de Barranca del Arenal, se había cubierto de material volcánico en una extensión de más de 600 metros La barranca que se inicia en El Puertecito, depresión que camina hacia el Norte llegando, muy cerca del Playón, es lo que separa el cono de Los Hijos y forma el puerto de que hablamos; estaba llenándose”.
Por vicente garcía remus
Pasando el puente Beltrán, estacionamos el coche a un costado de una puerta de fierro, caminamos por el puente para ver la barranca, fuimos cautivados por el arroyo Bernal, que corría con garbo entre un sauzal, el cordón plateado era embellecido por el follaje de los sauces. Enseguida entramos por la referida puerta, conformada por dos hojas para las camionetas y una para los peatones, que fue la que abrimos. Una vereda nos mostró el atractivo arroyo, que hacia pequeños saltos para llegar a una tinaja. Después caminamos arroyo arriba, seguimos la brecha que bajaba al arroyo, al llegar a la orilla admiramos las expresivas laderas de la cañada, cubiertas por variadas plantas, paredes verticales, desnudas y blancas, contrastaban con el verdor y con las tinajas, tinajas que se adentraban en los paredones formando pequeñas cavidades. Caminamos por el lecho del arroyo y tras un recodo nos hechizó una parota sobre un pequeño montículo, aledaño al arroyo, el grueso palo nos mostró sus raíces, que se perdían en la cristalina agua, unas lianas acariciaban con gracia sus ramas, otras ramas hacían contrapeso, para resistir el peso de las ramas que se tendían sobre el arroyo. Detrás de la parota, el arroyo canturreaba alegría al rozar con varias piedras salientes, más adelante formaba unas tinajas, donde se reflejaba el bonito y diverso follaje, enseguida de las tinajas vimos un tramo de agua y al final, la vegetación lo ocultaba. Nos sentamos en unas piedras a contemplar la bella barranca, animada por su arroyo, por sus plantas y por sus pájaros. “Pajarillo, pajarillo, pajarillo barranqueño, que bonitos ojos tienes, lástima que tengan dueño…”. De regreso recogimos unos limones amarillos, que nos impregnaron aroma, aroma barranqueño.
Tonila atesora varias barrancas: La Arena, La Tuna, El Cafecito, Santa Ana y Del Muerto, todas son pliegues del volcán y lo fantástico radica en que son pliegues vivos, vivos de agua. De Beltrán continuamos nuestro paseo rumbo a San Marcos, a corta distancia nos detuvimos a observar otro arroyo, “La Ladrillera”, y para ello caminamos por el puente “Las Ánimas de Tonila”, de donde apreciamos una garganta verdosa que acompañaba el correr del arroyo, en lontananza lo embellecía el Volcán de Fuego. La garganta converge con la barranca Beltrán y ésta con el cañón Tuxpan. Diego comentó: “Qué hermosas barrancas”.
Juan S. Vizcaíno puso en tinta: “Columnas de vapor. Estas emisiones de vapor que se elevan hasta determinada altura, se dirigen según la dirección del viento, están cargadas de cenizas y poca arena que son depositadas a grandes distancias, beneficiando algunas veces a la agricultura y a las plantas de los bosques... el lado Este del cono estaba cubierto por una capa de rocas que habían llegado hasta el Portezuelo entre el cono y Los Hijos.
“La barranca que se inicia en este punto y a lo que nativos le dieron el nombre de Barranca del Arenal, se había cubierto de material volcánico en una extensión de más de 600 metros La barranca que se inicia en El Puertecito, depresión que camina hacia el Norte llegando, muy cerca del Playón, es lo que separa el cono de Los Hijos y forma el puerto de que hablamos; estaba llenándose”.
Por vicente garcía remus