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Estación Tonilita

GUADALAJARA, JALISCO (30/ENE/2011).-  Luego de haber contemplado la barranca del Muerto, Diego y yo regresamos a la brecha y a pocos pasos atisbamos un letrero que decía: “Tonilita”, estábamos en la vibrante estación que fue llamada por aquel nombre para identificarla con Tonila, la fachada lateral con una ventana horizontal, arriba, una cornisa escalonada, delataba el techo a dos aguas, en su fachada principal, se hacía notar el clásico observatorio, saliente del cuarto del jefe de estación, con agradables cortes ochavados, con ventanas verticales, una al frente y con forja, otra por costado, pero fraccionas por pequeños vidrios verticales. Del lado izquierdo del saliente está la puerta que abre al mencionado cuarto, y a mano izquierda de la puerta se localizan cinco peldaños que suben al pequeño andén, donde una puerta abre a la bodega, y una ventana vertical ilumina y ventila el espacio. Desde el andén vimos la abundante vegetación detrás de la vía. En el cuarto del jefe, sonaba de cuando en cuando un primitivo teléfono, que comunicaba con la Hacienda la Esperanza, una carta del alcalde de Tonila, Vicente Andrés a la Secretaría de Fomento lo ratifica: “otro aparato de esta Villa a La Esperanza y de ésta a Estación Tonilita”, fechada el 4 de febrero de 1913. Ese aparto era del hacendado Enrique Schöndube, quien tenía comunicados los puntos estratégicos de la hacienda: la planta de luz, El Fresnal, Tonila y por supuesto Tonilita. A corta distancia apreciamos una enorme y bonita bodega, de planta rectangular, con dos amplias puertas en su fachada poniente, carente de techumbre, que era a dos aguas, donde se guardaba: azúcar, piloncillo, aguardiente, café, y cereales, siendo relevante el arroz. Enfrente de las fincas referidas, vimos la casa del jefe, y a un costado su huerta, con mangos, limones, aguacates, plátanos, naranjos, cafetos, papayos y guayabos. Ya no hay jefe ni alma alguna, pero la huerta sigue dando frutos, fabuloso sustento.

José Ignacio Ibarra Morales nos dice: “Entre el puerto de San Blas y Guadalajara se inició el reconocimiento en 1881, se tendieron 30 kilómetros de San Blas a Huaristemba, pero esta línea se abandonó en 1882-1883. Entre Irapuato y Guadalajara se inició la construcción en 1884 a partir de Irapuato y se terminó en 1888. El 14 de mayo de 1888 se inauguró el servicio del Ferrocarril Central Mexicano de la ciudad de México a Guadalajara, a Tuxpan rumbo a Colima, pero no se pudo terminar por falta de recursos y el Ferrocarril Central del Pacífico (filial del Central Mexicano) terminó hasta Colima en octubre de 1909”. Otro documento refiere: “cuando el general Díaz hizo el ansiado viaje inaugural a Colima desde Guadalajara. El viejo caudillo pisó tierra colimota el 12 de diciembre de 1909”. Calderón revela: “Con relación al carril Guadalajara-Manzanillo, cuya franquicia había sido cedida desde 1898 al Ferrocarril Central, para 1901 -por falta de capital- suspendió sus trabajos. En ese momento, el avance del tendido llagaba hasta Tuxpan, distante 192 kilómetros de Guadalajara”. 

Tonilita no sólo estaba comunicada con La Esperanza (a 13 km) por teléfono y por un camino de herradura que serpenteaba el profundo cañón, sino que el ingenioso Schöndube instaló un insólito teleférico, que los labriegos de la hacienda llamaron “La Canastilla”, rieles, cables y poleas giraban y giraban, fue la única estación en Jalisco que contó con teleférico. El factor tiempo era y es muy importante, tiempo que representó economía.
De la estación seguimos la brecha, cañón adentro, después de pasar la vía y de una curva, vimos unas casas a la sombra de centenarios árboles, nos detuvimos a saludar a sus moradores, eran dos amables familias de dos hermanos, Brigido y Guello Sánchez, familias que gozaban de Tonilita y de su cañón. Nos platicaron de la dinámica vida laborar que se dio en el fantástico molino arrocero que estaba enseguida, que el molino era vanguardista, movido por calderas y de gran capacidad, carretas jaladas por bueyes traían el arroz, se molía, se encostalaba, se pesaba, se cerraba el costal y se almacenaba en las trojas, cercanas a la vía, los furgones eran cargados rápidamente, obra de Schömdube. Tiempos y movimientos reducidos al mínimo.

Nos acercamos a mirar el bizarro molino, la nave es rectangular, la señorial entrada comprende un saliente, al centro y del lado sur de la nave, con puerta arqueada y marco de cantera, los muros son de piedra aparente, y a nivel de techo los muros son de ladrillo aparente, el nivel de techo de la entrada es inferior al de la nave, creando cierto movimiento, la nave fue iluminada por ventanas arqueadas y los techos fueron a dos aguas. Lamentablemente el fabuloso molino fue quemado durante la cuestionable cristeada.

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