Eugenio Caballero trae el universo íntimo de Ernst Saemisch
El ganador del Oscar por “El laberinto del fauno” asume la curaduría de “La naturaleza íntima de la vida”, en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara y plantea la vigencia sanadora del pintor alemán
La obra del pintor alemán Ernst Saemisch llegará a Guadalajara con una exposición que busca recorrer su vida, sus viajes y las transformaciones que marcaron su pintura. Bajo el título “La naturaleza íntima de la vida. ErnstSaemisch”, la muestra será inaugurada el próximo 19 de marzo en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA) y permanecerá abierta al público del 20 de marzo al 23 de agosto, con una selección de más de 200 piezas entre dibujos y pinturas.
La exposición propone un acercamiento amplio al universo creativo de Saemisch, artista que encontró en la naturaleza, el paisaje y la experimentación abstracta una manera de procesar las experiencias de un siglo convulso. La curaduría está a cargo de Eugenio Caballero, diseñador de producción reconocido internacionalmente y ganador del Oscar por su trabajo en “El laberinto del fauno”, de Guillermo del Toro.
El recorrido plantea un diálogo entre las distintas etapas del pintor, desde sus años de formación en Europa hasta su relación con México, país en el que se estableció a partir de 1964 y donde desarrolló una parte importante de su obra.
Un artista entre geografías
La pintura de ErnstSaemisch está profundamente vinculada con los lugares que habitó. Su trabajo recoge paisajes naturales, escenarios urbanos y momentos de exploración abstracta que dialogan con las experiencias que vivió en diferentes regiones del mundo.
Nacido en Alemania, su trayectoria lo llevó también por países como Suiza y Finlandia. Sin embargo, México representó un capítulo decisivo en su vida creativa. Aquí desarrolló una etapa marcada por nuevas búsquedas visuales, influenciada tanto por el entorno como por las experiencias personales que marcaron sus últimos años.
Entre los sitios que influyeron en su producción destacan Valle de Bravo y Veracruz, lugares donde encontró paisajes y atmósferas que dialogaron con su lenguaje pictórico.
Un regreso significativo al MUSA
Eugenio Caballero recibió a EL INFORMADOR en las instalaciones del MUSA con una sonrisa en la cara, ya que esta exposición representa también un retorno a un espacio que considera significativo dentro de su trayectoria. El curador recordó su relación previa con el recinto universitario y la importancia arquitectónica y cultural del museo.
“Estoy contento por varias cosas. Una de ellas es porque primero el espacio, el espacio a mí me ha dado muchas alegrías. Aquí hicimos ‘En casa con mis monstruos’, de Guillermo del Toro. El espacio per se es un recinto espectacular, el Paraninfo, la zona de exposiciones, en la misma arquitectura es maravilloso, además ahora estoy con esta exposición que curé y que hicimos con tanto cariño, con tanto tiempo y cuidado”.
Caballero considera que la obra de Saemisch, pese a haber sido desarrollada principalmente entre 1920 y 1980, mantiene una vigencia sorprendente. Para él, la clave radica en el mensaje que atraviesa su pintura.
“Me parece que es una exposición que ahora funciona… aunque es un pintor que empieza a pintar en 1920 y culmina su obra en 1980, ahora me parece más vigente que nunca porque justamente habla del poder sanador del arte, que es para mí uno de los temas más importantes”.
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El arte como respuesta a un siglo convulso
Uno de los ejes centrales de la exposición es la relación entre la vida del artista y el contexto histórico que lo rodeó. Saemisch vivió algunos de los episodios más turbulentos del siglo XX, desde la Primera Guerra Mundial hasta el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial.
De acuerdo con Caballero, estas experiencias influyeron de manera directa en las decisiones estéticas del pintor. “El arte tiene este poder de curar, de reflejar, de decir un montón de cosas sin decirlas frontalmente. Puede meterse en tus sentidos y darte cierta luz ante momentos oscuros”, explicó el curador.
En ese sentido, la obra de Saemisch funciona como un espejo de su tiempo. El artista pasó de trabajar con la figura humana a distanciarse de ella tras la guerra, refugiándose en la naturaleza y posteriormente en la abstracción.
“Una de las cosas que me llamó la atención es que su obra refleja lo que él estaba viviendo. A él le tocó vivir uno de los momentos más convulsos del siglo XX… y básicamente las decisiones que toma como pintor, como dejar de pintar figura humana, refugiarse en la naturaleza y buscar el abstracto, tienen que ver con eso”, señaló Caballero.
Más de 200 piezas para contar una historia
La exposición reúne más de 220 obras, pero el proceso de selección implicó revisar un universo creativo mucho más amplio. Según explicó Caballero, el artista produjo miles de piezas a lo largo de su vida. Esto se debe, en parte, a que Saemisch no concebía la pintura como un medio comercial. De hecho, rara vez vendía sus obras y prefería conservarlas mientras viajaba.
“Él, en realidad, tenía otro oficio. Pintaba por necesidad propia, pero nunca le gustó vender. Siempre viajaba con sus obras. Pintaba en formatos que pudieran transportarse fácilmente, como papel de china o tinta”.
El artista también incorporó técnicas influenciadas por tradiciones asiáticas que conoció antes de ingresar a la Bauhaus, la influyente escuela alemana de arte y diseño donde se formó.
La vigencia de una mirada
Cabe señalar que para Eugenio Caballero, el trabajo de Saemisch dialoga con el presente porque el mundo sigue enfrentando ciclos de estabilidad y crisis.
“Parece que las cosas son cíclicas. Hay momentos de calma y hay momentos más convulsos. Para mí, en estos momentos convulsos que estamos viviendo, atestiguar a través de la obra de Ernst Saemisch que hay posibilidades de mirar distinto y de provocar un remanso dentro de toda esta violencia me parece fundamental”.
En ese sentido, la exposición propone al visitante una pausa. Un recorrido que invita a observar la naturaleza, la historia y la experiencia humana desde la mirada de un artista que encontró en la pintura una forma de reconciliarse con su tiempo.
Ordenar el universo creativo
El reto final de la curaduría de la muestra “La naturaleza íntima de la vida” fue organizar el amplio conjunto de obras sin perder de vista la evolución del artista. Caballero explicó que el criterio principal fue establecer una relación entre tres elementos: tiempo, temática y estilo.
“Para mí había una cuestión que tenía que ser la relación entre el tiempo, la temática y el estilo histórico… la transición entre lo figurativo y lo abstracto”.
También se buscó contextualizar las decisiones del pintor dentro de los acontecimientos históricos que lo rodeaban.
El resultado es un recorrido que muestra cómo las experiencias acumuladas por el artista en Europa se transformaron tras su llegada a México.
“Todas estas experiencias y experimentaciones que hace en Alemania, una vez que pasan a través del amor y de la experiencia en México, se convierten en esta explosión de colores con una temática muy específica y con una idea del cosmos”, finalizó.
Un recorrido por las etapas de su vida
La curaduría se construyó a partir de los momentos clave en la vida del pintor. Caballero identificó distintos hitos que permiten entender la evolución de su lenguaje visual.
Primero aparece la etapa de formación y su conexión con el expresionismo, marcada por la distorsión de la figura humana. Posteriormente, la guerra marca un cambio radical en su obra. Tras ese periodo, el artista decide alejarse de la figura humana y concentrarse en el paisaje.
“De pronto te das cuenta, casi como en un paneo cinematográfico, que su atención se va centrando en los árboles, en las hojas”, explicó el curador.
Con el tiempo, esa observación del entorno se transforma en una exploración cada vez más abstracta. El artista se retira a vivir a la montaña, donde comienza a reinterpretar lo que ve con una libertad formal cada vez mayor.
Aunque Caballero es conocido por su trabajo en el cine, su aproximación curatorial también estuvo marcada por esa formación. El diseñador de producción explicó que su principal interés fue narrar la historia del artista a través de sus obras.
“Yo no puedo negar quien soy. Mi formación es el cine, es contar historias. Lo que me interesó de esto fue el contexto histórico, las influencias artísticas, pero sobre todo el hombre: contar su historia”.
Esa perspectiva narrativa fue fundamental para ordenar la exposición. “Cuando terminé de ver la obra completa… de pronto empecé a entender que había algo muy potente en la narración del hombre y su tiempo, y en la necesidad profunda de curar heridas a través de la pintura”.
CT