Hubertus von Hohenlohe, un príncipe del hielo con alma mexicana
El deportista olímpico, fotógrafo, diseñador y músico plasma su amor por nuestro país en “México Ski”
Hubertus von Hohenlohe no encaja en ninguna categoría convencional. Príncipe europeo, mexicano por nacimiento, esquiador olímpico, fotógrafo, diseñador y músico, su vida ha transitado entre montañas nevadas, galerías de arte, pasarelas, foros musicales y banderas nacionales.
Recientemente, el multifacético artista visitó Guadalajara para presentar “México Ski”, una canción y un video que condensan, en poco más de cuatro minutos, una biografía marcada por el deporte, la identidad y una relación profunda con nuestro país, al que ha representado seis veces en los Juegos Olímpicos de Invierno.
El proyecto no es un capricho tardío ni un experimento aislado. La música ha acompañado a Hubertus desde su juventud en Europa, donde compuso, produjo y colaboró con otros artistas desde los años ochenta. Más tarde, mientras desarrollaba su carrera como cineasta y documentalista, comenzó a crear las bandas sonoras de sus propias películas, retomando una vocación que nunca abandonó del todo. En los últimos años, su acercamiento al flamenco en Andalucía y su trabajo con productores vinculados a figuras como Diego “El Cigala” lo llevó a replantear su relación con la música desde una perspectiva más personal.
Fue entonces cuando surgió la idea de traducir su historia de vida al lenguaje sonoro. “Tenía muy claro que quería hacer algo con México, porque después de tantos Juegos Olímpicos representando al país, sentía que tenía que dejar un legado”, explicó Hubertus en entrevista con EL INFORMADOR.
El resultado es “México Ski”, una pieza que fusiona rap narrativo con sonoridades rancheras y fragmentos de “Cielito Lindo”, reinterpretados desde una perspectiva musicalmente fresca. La canción funciona como un relato autobiográfico en el que conviven la disciplina del deporte de alto rendimiento, la nostalgia, la identidad y la celebración cultural.
El proceso creativo no fue sencillo. Encontrar el equilibrio entre géneros tan distintos implicó varios intentos fallidos. “Me di cuenta de que cantarlo de manera tradicional no funcionaba, porque no había espacio para contar la historia completa. En el rap encontré la estructura perfecta: me daba ritmo, tiempo y libertad para narrar sin perder flow”, explicó Hubertus.
La elección no fue estética únicamente; también respondió a una necesidad expresiva: contar sin colorear, sin heroísmos forzados, sin dramatismo. “Lo más difícil fue encontrar un tono honesto, que no fuera ni exageradamente épico ni autocompasivo, sino auténtico”.
El video musical de la canción, dirigido por Eva Nilsen, acompaña esa misma lógica autobiográfica. Filmado en Dobbiaco, Italia, en el centro de esquí donde cada año se celebran los Campeonatos Nacionales Mexicanos, y en locaciones nacionales como Xochimilco y San Miguel de Allende, recorre visualmente los territorios simbólicos que lo han acompañado en la vida. En él aparece el Mariachi Camperos de San Miguel de Allende, así como un trono construido con esquís, regalo de un entrenador del lugar donde pasó incontables horas de práctica.
“Ese sitio es donde me formé, donde me caí, donde me levanté. Era natural que ahí comenzara la historia visual”, relató el cantante.
Un príncipe nacido en México
La elección de México como eje del proyecto no es decorativa. Nacido en la Ciudad de México, hijo de la princesa Ira vonFürstenberg y del príncipe Alfonso de Hohenlohe-Langenburg, Hubertus fue el primer mexicano en competir en unos Juegos Olímpicos de Invierno.
Debutó en la Copa del Mundo en 1981, fundó la Federación Mexicana de Esquí y desfiló con la bandera nacional en seis ediciones olímpicas, convirtiéndose en una figura insólita: un aristócrata europeo portando los colores de un país sin tradición invernal.
“Durante muchos años se pensaba que yo era un príncipe alemán que venía a México a sacar un pasaporte para competir. Esta canción también sirve para decir: Sí, tengo sangre azul, pero el rojo, blanco y verde corren por mis venas”, afirmó.
Esa reivindicación atraviesa tanto la letra como la estética del proyecto, que dialoga con símbolos populares: la lucha libre, el mariachi, el Día de Muertos, los paisajes lacustres de Xochimilco, los colores intensos del centro de México.
La respuesta inicial del público ha sido, según cuenta, de sorpresa y curiosidad. La fusión de rap con ranchera, de biografía olímpica con música tradicional, rompe expectativas. “No pasa desapercibida. La gente se queda impactada, algunos se desconciertan, otros se emocionan. Pero todos reaccionan. Y eso es lo que debe hacer la música: provocar, mover, sacudir un poco”, dice Hubertus.
“México Ski” no es un proyecto aislado. Hubertus ya trabaja en un EP que continuará explorando esta mezcla de géneros, siempre desde una relectura personal de clásicos mexicanos. Ha grabado al menos dos canciones más, a la espera de los permisos correspondientes, y planea lanzar una producción completa si la respuesta del público lo permite. “No quiero quedarme en una sola pieza. Esto es una línea creativa que me interesa seguir desarrollando”.
El momento es, además, simbólico. Este mes de febrero viajará a Italia como embajador del equipo mexicano de esquí en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, que se celebrarán del 6 al 22 de febrero.
CT