Ideas

Un libro recomendable

Me regalaron un libro que me parece muy recomendable y más ahora que se acerca el Mundial y le están buscando atractivos a la ciudad. Se llama Esta vida es un sufrir. Las cantinas de Guadalajara 1898-2023, de Luciano Sandoval, con un prólogo de Antonio Ortuño y patrocinado por Lemus y Frangie, cuando eran, respectivamente, presidentes municipales de Guadalajara y Zapopan, y que, a mi juicio, ganaron puntos con este patrocinio.

El autor, Sandoval, quien se ve que no habla de memoria, hace una magnífica descripción de muchas cantinas que ya ni conozco. Es recomendable como guía de turistas y de jaliscienses que no han investigado sus valores propios. Y me provocó muchas memorias que comparto con ustedes: al leer la descripción de La Fuente, recordé que hace muchos años el cronista de Guadalajara, don Juan López, poco antes de morir, me dijo: “Gordo, te voy a enseñar una cosa que te va a gustar”, y era una foto en la cual yo era niño y estaba sentado en la barra de una cantina que, me dijo, era La Fuente, en la que aparece mi papá, él mismo —Juan López—, que entonces era muy joven, y con el extraordinario poeta español Pedro Garfias, y me dijo que me daría una copia, pero desgraciadamente se murió y no pude averiguar dónde quedó el retrato, a pesar de que se lo pedí a gente cercana a él. Por otra parte, agradezco a Cuauhtémoc de Regil, quien me hizo favor de invitarme a ver obras que estaban haciendo dentro de la cantina, que es una de las más emblemáticas de la ciudad.

Hace muchos años escribí un artículo que publicó el Ayuntamiento de Guadalajara acerca de las cantinas que me tocaron a mí y, por desgracia, ya desaparecieron. Es más, cada que paso por donde era Cue, en la calle de Colón, me hinco de doble rodilla y caravana, donde fue mi cantina favorita. En aquella época, me sentí mal de haber escrito eso porque desaparecieron varias de esas que describí y tan sólo por mencionarlas, diré: Caballito cerrero, la maravillosa botana de La Imperial, el Molachos, también conocido como La escalera, La Oficina, Saúl, que menciono tan solo para completar aquellas de las que habla el autor del libro, como Los equipales, que más de un recuerdo me provoca y que recuerdo porque mi papá nunca llegó tarde a la casa, ya que decía que se podía hacer lo mismo de ocho de la mañana a las ocho de la noche o viceversa, y él pasaba frecuentemente por Los equipales y llamaba a la casa para reportarse a media tarde, y cuando le preguntábamos dónde estaba, siempre contestaba: “En la China comunista”, que era ahí, y le encargábamos unos tacos de queso con chorizo y papas cocidas con limón y sal.

En fin, creo que quienes tengan espíritu explorador y sigan con devoción el libro que comento tendrán grandes alegrías y un Mundial que valdrá la pena.

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