Volviendo a la normalidad
Después de los extraordinarios sucesos del pasado fin de semana, sucesos que no entiendo ni les encuentro una razón lógica a la conducta, me parece ver –dentro de la supuesta normalidad– una especie de celos entre los participantes sin que, creo, sea necesaria, ya que puede coexistir el elogio hacia otros, sin necesidad de demeritar lo hecho por otros. Así, resulta un mérito innegable de la generala del Ejército que dio la orden, convencida de lo que la mayoría de la gente considera es su deber. En segundo término y sin que pierda nada nadie, la actuación del nieto de mi general García Barragán, que brillantemente coordinó a las diferentes fuerzas y no pierde nada con decir que el sector del Ejército que planeó y ejecutó la operación, lo hizo magníficamente, y no pierde nada con decir que en un ejercicio democrático tuvo la colaboración del gobierno o de alguna fuerza extranjera, en informes, no en ejecución. De tal manera que no hay por qué escamotearle a nadie su propio mérito.
El éxito tiene muchos padres y nadie parece tomar en cuenta que, dada la dificultad de la operación, fallecieron miembros del Ejército que, cuando menos, deben ser reconocidos por su valor. Ojalá y no pasara esto, pero la realidad nos obliga a situaciones que no queremos. Y los que no entendemos de delitos, pues sentimos miedo de que muera o de que resulte lastimada alguna gente cercana.
Ojalá no vuelva a darse una situación semejante, sobre todo porque hay mucha gente que afirma falsedades, provocadas por el mismo miedo y los que no entendemos, pues sencillamente tememos lo peor. Al parecer, la vida vuelve a su normalidad y ahora mismo hay quienes quieren aprovecharse del éxito de lo que no hicieron, pero lo justo es reconocer a todos los que estuvieron involucrados, su participación, lamentando las pérdidas de vidas.
Por su parte, Trump participa, como siempre, como el actor principal y en el informe del Estado de la nación, pretende convertirse en el héroe de todas las actuaciones del mundo, dejando a Gandhi y demás pacifistas en plan de terceros, que no hubieran existido de no estar él en su posición de sol del mundo.
Desde luego, habrá que esperar a que se separen las noticias verdaderas de las falsas y lograr tener una idea más exacta de lo que sucedió y de cómo podemos evitarlo en un futuro, si es posible hacerlo.
Me apena particularmente la gente de esa bella población que es Tapalpa, que con menos idea que nosotros, simplemente le tocó observar el desastre y no sé, tal vez no esperaba que pasaran esas cosas, dado que la población es habitualmente tranquila o cuando menos así la he percibido toda mi vida, en que hay otros tipos de violencia, pero no a este grado. Y antes de que fuera Pueblo Mágico, que no me gusta el término, recibía uno la amabilidad de su gente y la maravillosa comida de ese rumbo.
@enrigue_zuloaga