Viernes, 06 de Marzo 2026

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Al rescate de la marca ciudad de Vallarta

Por: Ismael del Toro

Al rescate de la marca ciudad de Vallarta

Al rescate de la marca ciudad de Vallarta

Puerto Vallarta es un hub turístico y de negocios cuya ruta prospectiva apunta, sin ambigüedad, hacia el crecimiento. De acuerdo con datos oficiales de 2025 el puerto recibió más de seis millones de turistas, generó una derrama económica de 40 mil millones de pesos y mantuvo un promedio de ocupación del 70%. Con la industria de servicios en auge y un entorno inmobiliario favorable, la costa de Jalisco se posiciona a nivel internacional al grado de despertar envidia por su estética y dinamismo.

Nada de esto sería posible sin la confianza de los inversionistas que comprometen sus capitales donde perciben estabilidad y señales claras de prosperidad. La confianza económica no es abstracta: se mide y se ve. Por eso, cuando el corredor turístico de la costa se paraliza por la captura del capo más buscado del mundo, y le siguen actos de violencia criminal desplegados específicamente para infundir miedo en la población, la incertidumbre se hace presente y aleja los dólares y pesos que sostienen a los sectores productivos de la región.

El impacto de los acontecimientos del 22 de febrero merma la reputación de la ciudad como destino turístico, ahuyenta la llegada de divisas y genera la incertidumbre que ralentiza proyectos inmobiliarios y de infraestructura que, tan solo el año pasado, sumaron mil 700 nuevas habitaciones de alojamiento. 

Como en toda industria, los balances se sacan cada tres meses, y ese es precisamente el plazo mínimo de estabilización que podría extenderse al doble dependiendo de la capacidad de las autoridades para contener tanto el conflicto criminal como la crisis reputacional que golpeó a Puerto Vallarta.

Sin entrar en la complejidad del trabajo de inteligencia, el estado de fuerza o la calidad de los operativos que exige la contención de una organización criminal transnacional, los gobiernos federal, estatal y municipal enfrentan una tarea estratégica prioritaria: desarrollar un plan que cambie la narrativa y oriente la opinión pública global hacia una imagen positiva de Vallarta como destino de goce y de gasto.

La pregunta central es inevitable: ¿cómo voltear la hoja ante un acontecimiento que bloqueó cadenas de suministro, detuvo el consumo y desplazó reservas hoteleras, para recuperar la confianza que la reactivación necesita?

Lo que los titulares no contabilizan es el costo de oportunidad que deja la violencia sobre una economía turística. Cada reservación cancelada, cada vuelo desviado y cada proyecto que entra en pausa técnica representa una fuga de valor que no aparece en el PIB, pero que sí se siente en la nómina de los trabajadores del sector servicios. Los economistas llaman a esto el efecto de segunda ronda: el choque inicial impacta al turista, pero la onda expansiva golpea al taxista, al restaurantero, al proveedor de insumos y al trabajador de la construcción. En destinos con alta dependencia del turismo internacional (donde la derrama externa puede representar hasta el 50% del ingreso local), la recuperación no es lineal ni garantizada, depende de qué tan rápido se restaure la señal de seguridad en los mercados emisores de turistas, principalmente Estados Unidos y Canadá.

La invitación es a medir los indicadores correctos con cautela y rigor: el Producto Interno Bruto local, la confianza del consumidor, el costo de la seguridad y, por supuesto, la incidencia delictiva. El trabajo para las autoridades es arduo, pero la armonía que imperaba en Puerto Vallarta fue construida por la iniciativa y la fortaleza de los trabajadores que enaltecen uno de los mejores destinos del mundo. Es cuestión de tiempo y voluntad.

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