Jueves, 08 de Enero 2026

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Educación: pasito tun-tun

Por: Diego Petersen

Educación: pasito tun-tun

Educación: pasito tun-tun

La educación ha sido y es uno de los campos de batalla ideológicos más importantes y significativos de este país. Quién define qué se enseña y cómo se enseña ha provocado confrontaciones que en no pocas ocasiones han desbordado las aulas y los pasillos de la Secretaría de Educación para librarse en las calles.

Lázaro Cárdenas instauró la llamada educación socialista, que sustituyó a la de enfoque positivista del porfiriato. El proyecto cardenista tenía claro que educar era algo más que enseñar a leer y a escribir, que era en la escuela donde se aprende a ser ciudadano con sentido comunitario. Las normales rurales, que aún existen, se crearon para formar maestros que fueran a las comunidades más alejadas. Cumplieron un papel fundamental en la educación de un país que tenía a siete de cada diez habitantes dispersos en el campo.

El libro de texto gratuito en los años cuarenta fue una piedra angular para homogeneizar la educación y, por supuesto, también para construir la religión de la Patria en el país posrevolucionario y de partido hegemónico. Junto al texto único surgió la lucha por la llamada libertad de educación, que fue por muchos años la gran bandera de la oposición, principalmente del PAN. En el sexenio de Salinas la educación fue uno de los puntos de acuerdo más importantes entre el PRI y el PAN e inició ahí una batalla por el control de la educación que tuvo como leitmotiv la calidad educativa. Los cambios constitucionales de 1992 fueron el antecedente de la llamada Reforma Educativa de Peña Nieto, cuyo objetivo fundamental fue arrebatarle el control de la educación a los sindicatos.

La reforma, que sin duda tenía elementos interesantes como mejorar la calidad de los maestros a través de exámenes de oposición, tuvo una falla de origen: se hizo desde un escritorio en la capital, ignorando por completo lo que pasaba en los territorios. López Obrador no sólo la derogó, sino que regresó a los sindicatos el control sobre el proceso educativo, y junto con ello privilegios que hoy no tienen ningún sentido y que son un lastre para el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La decisión de la Suprema Corte el martes pasado de regresarle a los maestros el derecho a la plaza automática es un retroceso de noventa años. El gran problema de la educación en México hoy no es la cobertura, sino la calidad. Sí, la reforma de Peña Nieto, más enfocada en lo laboral que en lo educativo, nació de un mal diagnóstico y una visión elitista, pero la contrarreforma de López Obrador, ratificada esta semana por el Poder Judicial, es un absurdo: lo que tenía sentido en el México de los años 30 del siglo pasado hoy es un lastre.

Curioso, o patético, como quiera verse, lo cierto es que, en más de un siglo de batallas ideológicas en torno a la educación, con pasitos para adelante y para atrás, en el centro de la discusión nunca han estado los niños y jóvenes, los verdaderos sujetos de este derecho.

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