Sí, es reprobable la campaña militar de Estados Unidos en contra de Venezuela. Pero la discusión, y el trasfondo de esto, tiene que ir más allá de agotar la conversación estéril de estar a favor de la soberanía y en contra del intervencionismo.No solo la decisión, sino la facilidad con la que Estados Unidos ha entrado militarmente a Venezuela y ha capturado al dictador Nicolás Maduro debe poner en cuestión qué está sucediendo con el derecho internacional y, particularmente, con el derecho internacional de los derechos humanos.Los tiranos como Maduro se escudan en la soberanía para hacer y deshacer en sus países sin tomar en cuenta las consideraciones que pueda tener alguna institución internacional o algún país vecino sobre su modo de gobernar. Estos tiranos afirman que es solo el pueblo -a través de ellos, claro está- quien puede decidir el rumbo de la nación y no un extranjero.Como analistas y espectadores internacionales podemos enredarnos en la bandera de la soberanía, pero, como lo dije en el primer párrafo de este texto, no podemos agitar la conversación allí, pues más de un venezolano estará feliz porque tendrá un 2026 sin Nicolás Maduro. Lo triste, y lo preocupante para el mundo, es la forma en que eso se dio, teniendo el derecho internacional en el cajón.Lo más desolador de los hechos de la noche del 2 y la madrugada del 3 de enero es que la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela ha llegado para sustituir lo que el multilateralismo no ha podido hacer.Desde 2018, la Corte Penal Internacional inició una investigación contra Venezuela por los posibles crímenes de lesa humanidad cometidos a partir de los actos represivos en las protestas contra Maduro en febrero de 2014. Hasta la fecha, no se ha solicitado ni librado una orden de aprehensión contra ningún funcionario de Venezuela.Se supone que la Corte Penal Internacional es un organismo multilateral creado para juzgar a los más altos responsables de los crímenes internacionales (genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad; estos últimos cometidos en Venezuela). Cabe decir que la CPI entra en acción cuando los Estados no tienen la capacidad o la voluntad de juzgar estos crímenes en su territorio, cosa que claramente pasaba en Venezuela.Pues bien, siete años han pasado desde que la CPI tiene abierto aquel expediente contra Venezuela. Es indispensable preguntarnos: ¿qué hubiera pasado si antes de la intervención estadounidense la CPI librara una orden de aprehensión y se lograra el arresto de Maduro?Otra más. La Organización de las Naciones Unidas prácticamente cada año emite un comunicado sobre la situación en Venezuela. Pero sus declaraciones no solo han sido ignoradas por Venezuela, sino también -hay que decirlo- por otros países de la región latinoamericana que, teniendo o no dictadores, afirman que eso también es intervencionismo.En las elecciones de 2024 en Venezuela, la Organización de Estados Americanos solamente llegó a decir que se había tratado de un fraude. Pero no pudo hacer más, no por falta de voluntad, sino porque algunos países miembros de la OEA le dieron la espalda y arroparon a Maduro, como es el caso de México con la cantaleta del principio de autodeterminación de los pueblos, aunque eso signifique tener un dictador.Lo ha dicho Trump en su conferencia de prensa del día de hoy. Desde la Segunda Guerra Mundial no se había visto un operativo como el de esta madrugada. Qué casualidad que precisamente, desde la Segunda Guerra Mundial, el multilateralismo de los derechos humanos vio la luz. Algo ha faltado en casi 80 años desde que el mundo habla de derechos humanos.También lo dijo Trump: Estados Unidos va a gobernar hasta que se haga una transición justa en Venezuela. Ninguna institución internacional está invitada al banquete.Insisto: reprobable el actuar de Estados Unidos de América. Lo importante no es hablar de intervencionismo y soberanía. Lo importante es rescatar al mundo de la crisis por la que atraviesa el derecho internacional de los derechos humanos y los asuntos multilaterales que, cuyo único objetivo, es proteger a la ciudadanía, algo que no le interesa a Estados Unidos.Para detener a Estados Unidos hay que tomar en serio el multilateralismo.PD. México es uno de los países que acumula recomendaciones internacionales para atajar la crisis de violencia y violaciones de derechos humanos. Hasta el momento, todas ignoradas. Tal vez sea momento de empezar a cooperar con instituciones como la ONU o el Sistema Interamericano de Derechos Humanos antes de que el tirano de la Casa Blanca decida un venezolazo mexicano. Lamentablemente, esa es la realidad actual del mundo.