Domingo, 18 de Enero 2026
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Ser mujer en Irán: el grito del cine contra la opresión

Siete películas retratan la violencia estructural, la censura y la lucha cotidiana de las mujeres por la libertad, filmadas muchas veces bajo amenaza de cárcel, tortura o exilio

El Informador

La oscuridad del régimen iraní se cierne sobre la población, con especial dureza sobre las mujeres, a las que considera ciudadanas de segunda. Las restricciones van más allá del código de vestimenta: desde el acceso a la educación y la cultura hasta la posibilidad de trabajar o manifestarse, la vida cotidiana está atravesada por la vigilancia del Estado y un sistema legal que legitima la discriminación de género. La muerte de Mahsa Amini, en 2022, bajo custodia policial por no llevar correctamente el velo islámico, se convirtió en un símbolo internacional de la lucha por los derechos de las mujeres, pero son centenares, miles, las mujeres anónimas que han sufrido violencia, detenciones arbitrarias o incluso la muerte en nombre de la “moral”.

El control del régimen se extiende a todos los ámbitos de la vida: censura en medios y redes, represión de protestas, persecución de disidentes y un clima de miedo que obliga a muchos a permanecer en silencio. Contar al mundo lo que sucede en Irán es arriesgado y complejo, pero hay cineastas que desafían estas restricciones, exponiendo sus vidas a la cárcel, la tortura o el exilio para documentar la realidad de su país. A través de sus películas, el cine se convierte en un acto de resistencia, un vehículo de denuncia y una forma de mantener viva la voz de quienes no pueden hablar libremente.

A continuación, una selección de siete películas que permiten comprender, desde diversas perspectivas, la violencia, la censura y la lucha por la libertad en Irán.

ESPECIAL

El primer filme es “The Seed of the Sacred Fig”, dirigido por Mohammad Rasoulof. Una familia acomodada de Teherán celebra el ascenso del padre, un funcionario judicial afín al régimen. Mientras el hombre trabaja, la madre y sus dos hijas adolescentes lidian con una situación compleja: una amiga ha sido agredida en una manifestación contra el régimen en el marco de las protestas de Mujer, Vida, Libertad.

Rasoulof, una de las voces más críticas con la República Islámica, que fue encarcelado y ahora está en el exilio, traza un relato escalofriante de cómo la represión y el terror del régimen son porosos y calan en la cotidianeidad familiar.

Con información de EFE

“No One Knows About Persian Cats”

ESPECIAL

Película de Bahman Ghobadi. Ser joven y amar la música, pero tener que esconderte en los sótanos de Teherán para componer y tocar mientras sueñas con huir a Europa para dar conciertos en libertad: esta es la historia que plantea esta película de rebeldía, ansia por la modernidad y pasión por los acordes.

“¿No tienes miedo de que te atrapen?”, se escucha en la cinta. “No, ¿por qué nos van a atrapar? No hacemos nada malo, sólo hacemos música”, responde otro de los personajes.

“Holy Spider”

ESPECIAL

Película de Ali Abbasi. Este thriller recupera la historia real de un asesino en serie que mató a 16 prostitutas en la ciudad iraní de Mashhad en nombre de la moral a principios de los 2000. Una periodista se infiltrará en los bajos fondos de sus calles para intentar destapar los crímenes, que cuentan con la permisividad de la policía e incluso con el visto bueno del régimen.

Su protagonista, Zar Amir Ebrahimi, ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes por su trabajo en la película. Lleva refugiada en Francia desde 2008, anteriormente fue condenada a 10 años de prisión y 99 latigazos después de que se filtrara un vídeo íntimo de ella sin su consentimiento. El resto del reparto fue represaliado.

“Reading Lolita in Tehran”

ESPECIAL

Película de Eran Riklis. Basada en la obra homónima autobiográfica de Azar Nafisi, está protagonizada por Golshifteh Farahani, una de las actrices iraníes más internacionales y críticas con el régimen de su país por la represión contra las mujeres. Esta película repasa la vida real de una profesora universitaria de literatura que tiene que dejar su trabajo tras la pérdida de libertades promovida por el régimen de Jomeini.

Sin embargo, la pulsión intelectual es más poderosa que la represión y Nafisi organiza en su casa una tertulia clandestina junto a antiguas alumnas para leer libros prohibidos de Nabokov, Jane Austen y Henry James, unos encuentros en los que emergerán las violencias y frustraciones sufridas por estas mujeres.

“The Witness” 

ESPECIAL

Cinta de Nader Saeivar y con guion de Jafar Panahi. También las mujeres son la fuerza motriz de esta cinta protagonizada por una profesora jubilada que se enfrentará al poder para intentar hacer justicia después de presenciar un feminicidio que el régimen trata de silenciar.

Bailar, pensar, tener autonomía son acciones casi imposibles para las mujeres en Irán, sometidas al varón y al Estado, como se aprecia en esta película.

“My Favourite Cake”

ESPECIAL

Filme de Maryam Moghadam y Behtash Sanaeeha. Los directores de esta película que fue rodada de forma clandestina fueron condenados a 14 meses de prisión por su trabajo.

¿Su crimen? Contar cómo una mujer viuda de 70 años desafía las convenciones con un taxista, una relación para combatir la soledad, defender la alegría de vivir también en la última etapa de la vida y reconocer la autonomía y el deseo femeninos.

“Persépolis”

ESPECIAL

Cinta de Marjane Satrapi. El clásico entre los clásicos: primero novela gráfica, después película, la niña y adolescente Satrapi, hija de una familia progresista iraní, muestra sus vivencias de la revolución, la guerra y su posterior vida en el extranjero.

A través de sus ojos, se ve cómo el fundamentalismo se hace con el poder, somete a la población en nombre de la religión y fuerza a las mujeres a cubrir su cabello. Pero también su descubrimiento de la música punk y pop, y de la libertad y la cultura europeas que puede contraponer con el régimen de los ayatolás.

Jafar Panahi. El cineasta iraní posa desde la alfombra roja de los Premios de Cine Europeo en Berlín. EFE/C. Bilan

Jafar Panahi llama a no permanecer en silencio

El cineasta iraní Jafar Panahi, condenado en diciembre a un año de cárcel en ausencia por “propaganda contra el sistema”, alertó sobre la gravedad de la represión en su país y criticó el silencio internacional ante la violencia.

Ayer, durante la apertura de la edición 38 de los Premios de Cine Europeo en Berlín, Panahi afirmó que Irán atraviesa “una de las épocas más amargas de su historia”, y denunció que miles de ciudadanos han sido masacrados simplemente por exigir su derecho a la vida. Según el director, en solo 48 horas las víctimas mortales alcanzaron las 12 mil, cifra muy superior a los datos oficiales y los cálculos de ONGs.

El realizador describió arrestos masivos, restricciones de acceso a hospitales y ley marcial, y advirtió que la violencia no es un problema exclusivo de Irán: “Si el mundo no responde, todos estamos en riesgo”, subrayó.

Panahi concluyó destacando la responsabilidad de los cineastas: “Si estamos decepcionados con nuestros gobiernos, al menos no debemos permanecer en silencio”, ante la ovación de los asistentes.

Manifestantes en París sostienen un cartel con la leyenda “Mujer, Vida, Libertad”, en apoyo a las movilizaciones contra el régimen teocrático en Irán. AFP/J. De Rosa

VOCES SILENCIADAS

La lucha de las iraníes frente al régimen

En Irán, la represión contra las mujeres es estructural y cotidiana. Desde la infancia, las niñas y adolescentes enfrentan normas de moral y vestimenta que el Estado impone con vigilancia constante, limitando su libertad de expresión, de movimiento y hasta de pensamiento. Las mujeres que se atreven a desafiar estas reglas arriesgan detenciones arbitrarias, juicios sin garantías y penas desproporcionadas, incluyendo la cárcel, los azotes o incluso la pena de muerte.

Activistas, periodistas y ciudadanas comunes que participan en protestas pacíficas son perseguidas bajo cargos vagos como “propaganda contra el sistema”, mientras que el cierre de redes sociales y el aislamiento comunicacional buscan sofocar cualquier voz disidente. La violencia no solo se manifiesta en la cárcel: asesinatos, torturas, violaciones y agresiones durante manifestaciones han sido documentadas por la ONU y diversas ONG, dejando claro que el régimen utiliza la fuerza sistemáticamente para mantener el control.

Pero la represión no se limita a la violencia directa. La discriminación estructural obstaculiza el acceso de las mujeres a la educación, al empleo, a la vida política y a la protección social, reforzando un sistema donde la igualdad es solo teórica. En este contexto, cada acto de resistencia -desde protestas callejeras hasta la creación artística y cinematográfica- se convierte en un desafío al poder y un recordatorio de que, a pesar de todo, la voz de las mujeres iraníes sigue buscando ser escuchada.