Suplementos
El enigma de la infanta
La hija del rey Juan Carlos de Borbón tiene que declarar ante el juez por los negocios de su esposo, el Duque de Palma, Iñaki Urdangarín
GUADALAJARA, JALISCO (26/ENE/2014).- En realidad, las dos Españas nunca se han reconciliado. Las “heridas abiertas de la guerra civil” como las llama Jason Webster, son parte del debate cotidiano en España, aún décadas después de la muerte del dictador Francisco Franco. Y es que la Monarquía, a pesar de tener legitimidad en muchos sectores de la sociedad española, nunca ha podido convencer a poco más de una tercera parte de los españoles que no han abandonado sus creencias republicanas. Así, cada enigma que se cierne sobre el Palacio de la Zarzuela, suscita las confrontaciones más acaloradas.
La derecha española acusa a la izquierda republicana de buscar cualquier pretexto para desestabilizar a la Corona, mientras que estos últimos no pierden tiempo para recordarle a la derecha que el Rey Juan Carlos es el heredero de Franco y que la democracia y la monarquía, son en esencia incompatibles. La imputación de la Infanta Cristina ha provocado precisamente eso: un debate que va más allá de los jurídico, una discusión sobre el papel de la Casa Real, sus privilegios y la autonomía de la justicia a más de 35 años de promulgada la Constitución democrático en España.
El llamado caso Noós, una red de corrupción y abuso de poder que vincula al Duque de Palma Iñaki Urdangarín y su socio Diego Torres con el fin obtener contratos millonarios para realizar eventos particularmente en las Islas Baleares y en Valencia, utilizando su cercanía a la familia real, han puesto a la Corona en la encrucijada más delicada desde el inicio de la democracia. Son más las preguntas que las respuestas, y la Zarzuela sólo ha condenado tímidamente lo que ya parece un claro caso de abuso de poder y prevaricación en nombre de la Casa Real por parte del yerno del Rey. Juan Carlos de Borbón se ha dedicado a decir que en “España la justicia es igual para todos” o que la conducta de Urdangarín “no es ejemplar”. Sin embargo, las interrogantes siguen sin explicaciones cabales: ¿La infanta sabía de los negocios de su marido y simplemente colaboró? ¿Lo hizo por amor a su esposo como lo dice el bufete de abogados catalanes que la defienden? ¿El rey tenía conocimiento de las tramas tejidas por Urdangarín para hacer negocio explotando la credibilidad del monarca?
En un momento de crisis económica y con la agudización del conflicto entre Madrid y Cataluña, el Caso Noós ha significado para la Zarzuela un golpe durísimo en su credibilidad. Según el diario El Mundo, que reveló este caso hace algunos años, en menos de dos años, el respaldo a la Corona se ha desplomado en 17 puntos. Sólo 41% de los españoles tiene una opinión muy bueno o buena del Rey Juan Carlos, mientras que más de 50% tienen una opinión regular, mala o muy mala. Y la crisis es aún más grave cuando se le pregunta a los españoles si creen que el Rey es capaz de recuperar el prestigio perdido: 69.4% opina que no. En el mismo sentido, más de 60% de los españoles creen que el Rey debe abdicar (sobre todo entre los jóvenes entre 18 y 29 años, donde el dato alcanza 80%), y creció a 43.3% los que no apoyan la Monarquía como forma de Gobierno (los que respaldan a la Corona cayeron de 53 a 49% y prácticamente entre los votantes del Partido Popular –PP-).
No es un cuento de hadas
Ya son poco más de 16 años de aquella boda en Barcelona entre Iñaki Urdangarín y Cristina de Borbón. Eran años de pujanza económica y disfrute del llamado “Milagro Español. La Casa Real tenía tasas de aprobación de 70% y cada vez más, al igual que la Monarquía Británica, se transformaba la Corona del protagonismo del Rey a la fortaleza de la familia real. Dentro del marco de respeto que le tiene la prensa española a la Casa Real, el matrimonio del Príncipe Felipe de Asturias con Letizia también significó un empuje muy profundo a la fortaleza de la Monarquía y a la prevalencia como eje rector del sistema político español. En ese sentido, a diferencia de la familia real británica, la Corona española ha gozado de menos reproches de la prensa y más discrecionalidad. Rara vez la Corona española ha sido exhibida por la prensa sensacionalista.
Sin embargo, las cosas cambiaron. Estalló el Caso Nóos y aunque la Zarzuela manifestó reiteradamente su deseo de colaborar con la justicia, las investigaciones del juez y de los periódicos fueron sumiendo a Urdangarín. Tal vez la mayor condena de la Casa Real a Urdangarín fue el 12 de diciembre de 2011 cuando afirma que el comportamiento de su yerno “no ha sido ejemplar”. El centro de la querella es el llamado Caso Palma Arena que tiene aristas presuntamente ilegales por doquier. Por un lado es un complejo deportivo construido al doble de su precio original (más de 90 millones de euros). Este escándalo le costó a Jaume Matas, ex president del Govern balear, tener que abandonar el PP y enfrentar un proceso jurídico que todavía sigue vivo. Y dentro de los múltiples entresijos del escándalo político y jurídico, estaba envuelto Iñaki Urdangarín por la firma de contratos y convenios ilegales entre 2005 y 2006.
En una entrevista con el periodista Jordi Evolé, conductor de Salvados en la Sexta y articulista del Periódico de Catalunya, Jaume Matas admite que era imposible decirle que no al Duque de Palma y que no entendía que algún presidente autonómico pudiera rechazar convenios de esas características con un miembro de la familia real. Detrás de estas palabras se esconde la complicidad que muchos “barones” del PP tuvieron con el yerno del Rey, que para ellos significaba una puerta de entrada para la Casa Real y los beneficios políticos que conlleva.
La defensa de la infanta
La estrategia de la defensa de Doña Cristina ha cambiado. En un principio, los abogados se esforzaron por demostrar que la infanta no estaba involucrada en las tramas. Incluso, el objetivo era que se le viera como una externa a las confabulaciones de su esposo. En este contexto, se explican las declaraciones de Urdangarín donde exonera a la Casa Real y a su esposa, y lamenta, también, los posibles daños a la imagen de la Casa de los Borbones. Sin embargo, revelaciones en la prensa y en las investigaciones judiciales hacen inverosímil esta versión. Existen correos que evidencian que la infanta sabía de las negociaciones de su esposo y que coadyuvaba en la medida de sus posibilidades. Al final, y por la insistencia de la organización “Manos Limpias” que ha pedido que se inicie proceso contra la infanta, el juez Castro imputa a Cristina por delitos fiscales y blanqueo de capital. De entrada se coloca la fecha para marzo, sin embargo el abogado de la infanta, el catalán Miquel Roca pide que se adelante la fecha para febrero y afirman que ésta demostrará su total inocencia.
Tras la imputación, e incluso días previos, la estrategia de defensa de Doña Cristina ha cambiado en dos vías.
En primer lugar se ha abandonado el discurso de la ignorancia para abrazar una narrativa más simplona: la infanta apoyó al Duque de Palma como cualquier esposa comprometida que cree en el matrimonio. El eje discursivo pasa de la negación a la admisión de cierto involucramiento, pero donde los sentimientos y la relación personal son la justificación. Una historia de una mujer comprometida, enamorada y fiel a su esposo que no sospecha en ningún momento de las corruptelas que trama el hombre con el que ha decidido pasar el resto de sus días.
Y por otro lado, apuestan por “darle la vuelta a la tortilla”. Si bien, la izquierda ha dicho históricamente que en España “la justicia no es igual para todos” y que por ello ni banqueros, ni políticos, ni miembros de la Casa Real han tenido nunca que enfrentar un procedimiento jurídico serio, la imputación vendría a ser el desmentido de esa tesis. Para la defensa, su posición, como hija del rey, no sólo no le beneficia, sino que en este caso en particular la está perjudicando. No es raro que la defensa dijera a finales del año pasado que si fuera imputada sería “por ser quien es”. El jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno justificó su imputación en esos términos al inicio del año.
Así, la Monarquía se juega su futuro en España. Para muchos, la imputación de la Hija del Rey revela la fortaleza institucional de la España democrática. Es decir, más que una mala noticia que podría manchar el nombre del jefe de Estado, es una revelación que reafirma la solidez del sistema judicial español, su autonomía y la profundización de la igualdad ante la ley. Sin embargo, el daño ya está hecho, la credibilidad de la Corona se ha desmoronado y la abdicación del Rey (por este y otros escándalos) es una variable que ha tomado fuerza en el último año.
En España, la Monarquía sigue teniendo un papel muy importante de unidad nacional, sobre todo para la derecha que cree en esa idea monolítica y centralista de España, y que aborrecen la posible de una “nación de naciones”. Y en esta coyuntura con particular importancia ante el dilema que plantea la cuestión catalana, para muchos incluso en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el rey es una voz que puede ayudar a la “unidad de España”. Sin embargo, para sobrevivir tendrá la Corona que reinventarse en consonancia con las transformaciones que experimentó, por ejemplo, la Corona Británica. Más transparencia, apertura y pluralismo.
Los privilegios, particularmente en periodos de crisis, son gasolina para la indignación y una afrenta a instituciones que, como la Corona, aún no reflejan el espíritu democrático del siglo XXI.
La derecha española acusa a la izquierda republicana de buscar cualquier pretexto para desestabilizar a la Corona, mientras que estos últimos no pierden tiempo para recordarle a la derecha que el Rey Juan Carlos es el heredero de Franco y que la democracia y la monarquía, son en esencia incompatibles. La imputación de la Infanta Cristina ha provocado precisamente eso: un debate que va más allá de los jurídico, una discusión sobre el papel de la Casa Real, sus privilegios y la autonomía de la justicia a más de 35 años de promulgada la Constitución democrático en España.
El llamado caso Noós, una red de corrupción y abuso de poder que vincula al Duque de Palma Iñaki Urdangarín y su socio Diego Torres con el fin obtener contratos millonarios para realizar eventos particularmente en las Islas Baleares y en Valencia, utilizando su cercanía a la familia real, han puesto a la Corona en la encrucijada más delicada desde el inicio de la democracia. Son más las preguntas que las respuestas, y la Zarzuela sólo ha condenado tímidamente lo que ya parece un claro caso de abuso de poder y prevaricación en nombre de la Casa Real por parte del yerno del Rey. Juan Carlos de Borbón se ha dedicado a decir que en “España la justicia es igual para todos” o que la conducta de Urdangarín “no es ejemplar”. Sin embargo, las interrogantes siguen sin explicaciones cabales: ¿La infanta sabía de los negocios de su marido y simplemente colaboró? ¿Lo hizo por amor a su esposo como lo dice el bufete de abogados catalanes que la defienden? ¿El rey tenía conocimiento de las tramas tejidas por Urdangarín para hacer negocio explotando la credibilidad del monarca?
En un momento de crisis económica y con la agudización del conflicto entre Madrid y Cataluña, el Caso Noós ha significado para la Zarzuela un golpe durísimo en su credibilidad. Según el diario El Mundo, que reveló este caso hace algunos años, en menos de dos años, el respaldo a la Corona se ha desplomado en 17 puntos. Sólo 41% de los españoles tiene una opinión muy bueno o buena del Rey Juan Carlos, mientras que más de 50% tienen una opinión regular, mala o muy mala. Y la crisis es aún más grave cuando se le pregunta a los españoles si creen que el Rey es capaz de recuperar el prestigio perdido: 69.4% opina que no. En el mismo sentido, más de 60% de los españoles creen que el Rey debe abdicar (sobre todo entre los jóvenes entre 18 y 29 años, donde el dato alcanza 80%), y creció a 43.3% los que no apoyan la Monarquía como forma de Gobierno (los que respaldan a la Corona cayeron de 53 a 49% y prácticamente entre los votantes del Partido Popular –PP-).
No es un cuento de hadas
Ya son poco más de 16 años de aquella boda en Barcelona entre Iñaki Urdangarín y Cristina de Borbón. Eran años de pujanza económica y disfrute del llamado “Milagro Español. La Casa Real tenía tasas de aprobación de 70% y cada vez más, al igual que la Monarquía Británica, se transformaba la Corona del protagonismo del Rey a la fortaleza de la familia real. Dentro del marco de respeto que le tiene la prensa española a la Casa Real, el matrimonio del Príncipe Felipe de Asturias con Letizia también significó un empuje muy profundo a la fortaleza de la Monarquía y a la prevalencia como eje rector del sistema político español. En ese sentido, a diferencia de la familia real británica, la Corona española ha gozado de menos reproches de la prensa y más discrecionalidad. Rara vez la Corona española ha sido exhibida por la prensa sensacionalista.
Sin embargo, las cosas cambiaron. Estalló el Caso Nóos y aunque la Zarzuela manifestó reiteradamente su deseo de colaborar con la justicia, las investigaciones del juez y de los periódicos fueron sumiendo a Urdangarín. Tal vez la mayor condena de la Casa Real a Urdangarín fue el 12 de diciembre de 2011 cuando afirma que el comportamiento de su yerno “no ha sido ejemplar”. El centro de la querella es el llamado Caso Palma Arena que tiene aristas presuntamente ilegales por doquier. Por un lado es un complejo deportivo construido al doble de su precio original (más de 90 millones de euros). Este escándalo le costó a Jaume Matas, ex president del Govern balear, tener que abandonar el PP y enfrentar un proceso jurídico que todavía sigue vivo. Y dentro de los múltiples entresijos del escándalo político y jurídico, estaba envuelto Iñaki Urdangarín por la firma de contratos y convenios ilegales entre 2005 y 2006.
En una entrevista con el periodista Jordi Evolé, conductor de Salvados en la Sexta y articulista del Periódico de Catalunya, Jaume Matas admite que era imposible decirle que no al Duque de Palma y que no entendía que algún presidente autonómico pudiera rechazar convenios de esas características con un miembro de la familia real. Detrás de estas palabras se esconde la complicidad que muchos “barones” del PP tuvieron con el yerno del Rey, que para ellos significaba una puerta de entrada para la Casa Real y los beneficios políticos que conlleva.
La defensa de la infanta
La estrategia de la defensa de Doña Cristina ha cambiado. En un principio, los abogados se esforzaron por demostrar que la infanta no estaba involucrada en las tramas. Incluso, el objetivo era que se le viera como una externa a las confabulaciones de su esposo. En este contexto, se explican las declaraciones de Urdangarín donde exonera a la Casa Real y a su esposa, y lamenta, también, los posibles daños a la imagen de la Casa de los Borbones. Sin embargo, revelaciones en la prensa y en las investigaciones judiciales hacen inverosímil esta versión. Existen correos que evidencian que la infanta sabía de las negociaciones de su esposo y que coadyuvaba en la medida de sus posibilidades. Al final, y por la insistencia de la organización “Manos Limpias” que ha pedido que se inicie proceso contra la infanta, el juez Castro imputa a Cristina por delitos fiscales y blanqueo de capital. De entrada se coloca la fecha para marzo, sin embargo el abogado de la infanta, el catalán Miquel Roca pide que se adelante la fecha para febrero y afirman que ésta demostrará su total inocencia.
Tras la imputación, e incluso días previos, la estrategia de defensa de Doña Cristina ha cambiado en dos vías.
En primer lugar se ha abandonado el discurso de la ignorancia para abrazar una narrativa más simplona: la infanta apoyó al Duque de Palma como cualquier esposa comprometida que cree en el matrimonio. El eje discursivo pasa de la negación a la admisión de cierto involucramiento, pero donde los sentimientos y la relación personal son la justificación. Una historia de una mujer comprometida, enamorada y fiel a su esposo que no sospecha en ningún momento de las corruptelas que trama el hombre con el que ha decidido pasar el resto de sus días.
Y por otro lado, apuestan por “darle la vuelta a la tortilla”. Si bien, la izquierda ha dicho históricamente que en España “la justicia no es igual para todos” y que por ello ni banqueros, ni políticos, ni miembros de la Casa Real han tenido nunca que enfrentar un procedimiento jurídico serio, la imputación vendría a ser el desmentido de esa tesis. Para la defensa, su posición, como hija del rey, no sólo no le beneficia, sino que en este caso en particular la está perjudicando. No es raro que la defensa dijera a finales del año pasado que si fuera imputada sería “por ser quien es”. El jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno justificó su imputación en esos términos al inicio del año.
Así, la Monarquía se juega su futuro en España. Para muchos, la imputación de la Hija del Rey revela la fortaleza institucional de la España democrática. Es decir, más que una mala noticia que podría manchar el nombre del jefe de Estado, es una revelación que reafirma la solidez del sistema judicial español, su autonomía y la profundización de la igualdad ante la ley. Sin embargo, el daño ya está hecho, la credibilidad de la Corona se ha desmoronado y la abdicación del Rey (por este y otros escándalos) es una variable que ha tomado fuerza en el último año.
En España, la Monarquía sigue teniendo un papel muy importante de unidad nacional, sobre todo para la derecha que cree en esa idea monolítica y centralista de España, y que aborrecen la posible de una “nación de naciones”. Y en esta coyuntura con particular importancia ante el dilema que plantea la cuestión catalana, para muchos incluso en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el rey es una voz que puede ayudar a la “unidad de España”. Sin embargo, para sobrevivir tendrá la Corona que reinventarse en consonancia con las transformaciones que experimentó, por ejemplo, la Corona Británica. Más transparencia, apertura y pluralismo.
Los privilegios, particularmente en periodos de crisis, son gasolina para la indignación y una afrenta a instituciones que, como la Corona, aún no reflejan el espíritu democrático del siglo XXI.